La escalada militar desatada por Israel y Estados Unidos contra el régimen de Irán marcará un hito histórico en Medio Oriente. Cuáles son los objetivos de las partes en un conflicto que amenaza extenderse en el tiempo y que ya ha golpeado como misiles de largo alcance a varios países de esa región

Por: Ornela Fabani, doctora en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario
El sábado 28 de febrero pasado tuvo lugar un hecho que seguramente quedará registrado en los anales de historia sobre Medio Oriente. En una ofensiva coordinada Estados Unidos e Israel llevaron adelante lo que definieron como un ataque preventivo contra la República Islámica de Irán, una acción no contemplada por el derecho internacional. Con el correr de las horas se daría a conocer que el mismo había resultado exitoso en términos del objetivo inmediato que Washington y Tel Aviv parecen haber perseguido, decapitar a la cúpula política y militar del régimen iraní. En efecto, horas después del inicio de los ataques se confirmó la muerte del líder religioso, Ali Jamenei, quien gobernaba desde 1989 y concentraba las riendas del poder político y religioso al interior del Estado persa. Junto a él fallecieron el ministro de defensa, el comandante en Jefe de la Guardia Revolucionaria y decenas de otros altos dirigentes.
En función de lo expuesto, todo indica que el objetivo último de los Estados Unidos en Irán es debilitar aún más a este actor y provocar un cambio de régimen. En este sentido, cabe recordar que las tensiones entre estos dos enemigos, que ya habían tenido una escalada bélica en junio de 2025, resurgieron a principios de este año tras las protestas que tuvieron lugar en Irán y la fuerte represión del gobierno a las mismas. En aquella oportunidad, cuando el número de muertes entre los manifestantes ascendía, Washington realizó una velada amenaza con intervenir cuando señaló que la ayuda estaba en camino. Erradicadas las protestas, pero aún en el marco de un clima tenso, las partes iniciaron negociaciones en torno al programa nuclear iraní en el mes de febrero. En este marco tuvieron lugar tres rondas de intercambios con mediación del gobierno de Omán. Allí Estados Unidos demandó, básicamente, el desmantelamiento del programa nuclear iraní y la entrega por parte Teherán de los 400 kilos de uranio enriquecido bajo su poder. Irán, por su parte, se negó a aceptar una serie de puntos que mucho se parecían a una capitulación.
Ahora bien, los ataques de los últimos días que han asolado Irán han tenido como primer objetivo concreto, en palabras de Trump, destruir las capacidades misilísticas del gobierno persa. Por su parte, Irán, lejos de quedarse de brazos cruzados, está empleando todas sus fuerzas en la respuesta. Tal como reconoció el propio vice ministro de Relaciones Exteriores iraní, ante la distancia que separa a la República Islámica de Estados Unidos el régimen optó por atacar las bases norteamericanas en la zona. Sin embargo, con el paso de las horas, Irán dejó de poner el foco en las instalaciones militares para pasar a atacar infraestructura civil. Al momento, diversos países de la región han sufrido las consecuencias de la contienda: Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Omán, pero también Jordania, Siria e Irak.
En este sentido, no puede dejar de mencionarse el ataque a la base militar de Juffair, en Bahréin, donde se encuentra apostada la quinta flota de la marina norteamericana y a la base de Al Udeid, en Qatar, la mayor base aérea que Estados Unidos posee en la zona. El ataque a los aeropuertos de Dubai, Kuwait y Qatar. Ello sin mencionar las imágenes impactantes que mostraron los daños sufridos en el edificio Burj Khalifa, el más alto del mundo. Lo que nos permite reflexionar respecto a los costos que las monarquías del Golfo están asumiendo en función de la alianza que hace décadas mantienen con los Estados Unidos. Más aún cuando, más allá de los hechos que han tenido lugar en estos días, la ofensiva pone en jaque la estabilidad de la zona y con ello sus grandes proyectos, la posibilidad de atraer inversiones, la afluencia de turistas y en definitiva sus planes de diversificación económica.
En lo que respecta a la comunidad internacional, en líneas generales la misma ha manifestado su preocupación. Sin embargo, dentro del conjunto existen actores que han respaldado y otros que han rechazado el accionar de Estados Unidos e Israel. En este sentido, la Federación Rusa hablo del ataque de Estados Unidos como “cínico e inmoral”, mientras China definió la ofensiva como “descarada”. Mientras tanto, la Liga Árabe ha condenado el ataque a países árabes. En lo que respecta a Europa las posiciones varían. España rechazó que Estados Unidos emplee sus bases aéreas conjuntas para la ofensiva en Irán, mientras, con el paso de las horas, Alemania, Francia y Gran Bretaña parecen haber dejado la puerta abierta a la posibilidad de realizar acciones no ofensivas, pero sí defensivas contra el régimen. Ello en una instancia en la que Irán atacó la base francesa Camp de la Paix en Emiratos, así como también una base británica en Chipre. Todavía más, el impacto de la guerra para la región es indiscutible cuando los titulares indican un aumento del 8% del precio crudo y un 40% del precio del gas en Europa. En tanto en América Latina los gobiernos de Paraguay y Argentina han respaldado la ofensiva de Estados Unidos e Israel, mientras ha sido clara la condena de Colombia y el presidente chileno ha manifestado no estar obligado a elegir entre dos barbaridades.
En el caso de la Argentina, un comunicado de prensa de la Cancillería valora y apoya las acciones conjuntas de Estados Unidos e Israel para neutralizar la amenaza iraní. Como correlato de esta posición, y atendiendo a la triste historia argentina como víctima del terrorismo en 1992 y 1994, ataques que se estima fueron fruto de la política que asumió el gobierno de Carlos Saul Menem frente a los conflictos en la región, en estos días se incrementó el nivel de alerta en nuestro país y se reforzó la seguridad en las fronteras. Si bien el embajador de Israel en la Argentina afirmó que no se vislumbra una amenaza directa en Argentina.
Es muy difícil saber cómo se desencadenarán los acontecimientos en los próximos días, cuándo este conflicto llegará a su fin. Sin embargo, todo indica que si lo que se busca es ver a Irán caer este actor no está dispuesto a aceptar su suerte sin dar pelea.