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Del barrio a las capitales europeas: el proyecto “Medianeras” y su revolución del muralismo

En una charla íntima con “Notas de Papel”, la arquitecta Vanesa Galdeano y la licenciada en Bellas Artes Analí Chanquia compartieron los secretos de su técnica de anamorfosis, su vida nómade por el mundo y su profundo deseo de plasmar una obra de gran escala en las paredes de su Rosario natal.

El proyecto Medianeras, integrado por la arquitecta Vanesa Galdeano y la licenciada en Bellas Artes Analí Chanquia, se ha consolidado como un referente del arte urbano internacional, llevando el nombre de Rosario a ciudades como Milán, Lisboa, Bruselas y Tirana.

Durante su paso por “Notas de Papel” en Radio UNR, las artistas explicaron que su trabajo es “sitio específico”, lo que significa que no utilizan bocetos preestablecidos, sino que diseñan cada obra en función de las medidas exactas del muro, la luz del entorno y el tránsito de la zona. Esta colaboración combina la precisión técnica del AutoCAD con la fluidez de la tableta gráfica, logrando una homogeneidad estética que permite reconocer su autoría en cualquier rincón del planeta.

Una de las características más fascinantes de su obra es el uso de la anamorfosis, una técnica que juega con la distorsión de la imagen para crear efectos de tridimensionalidad y profundidad. Según explicaron las artistas, el cerebro es “engañado” al pintar más grande aquello que está más lejos, logrando que figuras humanas parezcan salir de las paredes o interactuar con el espacio real. A pesar de trabajar a alturas que superan los 35 metros, Galdeano y Chanquia aseguran sentirse seguras en las grúas, las cuales manejan con la precisión de una “impresora” humana para completar murales de gran formato en apenas una semana o diez días.

Para las integrantes de Medianeras, el arte callejero es esencialmente efímero y potente por su capacidad de dialogar con el clima, el paso del tiempo y los vecinos del barrio. En lugar de retratar a figuras famosas, prefieren plasmar rostros de “gente común” para que cualquier transeúnte pueda sentirse reflejado en la obra, transformando el muro en un relato colectivo. Esta filosofía las ha llevado a considerar la calle como un “museo a puertas abiertas” donde la experiencia de pintar y compartir con la comunidad es tan valiosa como el resultado visual final.

Actualmente radicadas en Hospitalet, cerca de Barcelona, las artistas mantienen una vida nómade con una agenda que incluye próximos proyectos en Alemania, Francia y Buenos Aires. Sin embargo, expresaron cierta nostalgia y preocupación por la dificultad de gestionar paredes de grandes dimensiones en Rosario, su ciudad de formación. “Nos gustaría muchísimo que pase lo mismo que en otras ciudades del mundo”, señalaron, subrayando la importancia de apoyar a los artistas locales para que la cultura rosarina siga floreciendo no solo por lo que se dice de ella, sino por lo que se ve en sus calles.

A través de su sitio web y redes sociales, es posible acceder a un mapa detallado de sus intervenciones, las cuales invitan a un recorrido por una geografía artística que no conoce fronteras.