Beatriz Bragoni, doctora en Historia y profesora de la Universidad Nacional de Cuyo e investigadora del Conicet dialogó con “La Marca de la Almohada y analizó la polémica decisión del Gobierno nacional de retirar la reliquia del Museo Histórico Nacional, advirtiendo sobre el riesgo de reducir la figura del Libertador a una visión exclusivamente militarista.

Beatriz Bragoni, doctora en Historia e investigadora del CONICET, expresó su firme rechazo a la decisión del presidente Javier Milei de trasladar el sable corvo de San Martín desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo.
Durante su intervención en “La Marca de la Almohada” de Radio UNR, la especialista señaló que esta medida rompe con un ciclo de acceso público consolidado en 2015, cuando se decidió que la reliquia debía estar en un museo estatal abierto a la comunidad.
Según Bragoni, “el ámbito museológico es fundamental porque garantiza lecturas plurales y complejas del legado del prócer, evitando que su memoria quede encerrada en el nacionalismo militar” o en una cultura militarista que fue impuesta durante el siglo XX, particularmente bajo la dictadura de Onganía.
TENSIONES POLÍTICAS. La historiadora recordó que la trayectoria de la pieza está marcada por tensiones políticas: San Martín legó el sable a Juan Manuel de Rosas en 1844 por su defensa de la soberanía nacional, y décadas después, los herederos de Rosas lo donaron al Museo Histórico para consagrar al Libertador como padre de la patria bajo un marco de subordinación del mando militar al poder civil,. Este trasfondo histórico es el que sustenta el actual reclamo judicial de los descendientes de Rosas, quienes consideran que el traslado a dependencias del Ejército contradice la voluntad original de que el objeto sea de dominio público y exhibición general.
Bragoni destacó que la familia Terrero-Rosas donó la pieza al Estado argentino específicamente para su exposición en el museo, un deseo que ahora la Justicia deberá evaluar.
USOS POLÍTICOS DEL SABLE. El análisis de Bragoni también recorrió los usos políticos del sable, desde los robos por parte de la juventud peronista en los años 60 para protestar contra la proscripción, hasta la “transacción” simbólica del año 2015, cuando Cristina Fernández de Kirchner ordenó su regreso al museo pero bajo custodia de granaderos. Para la investigadora, el traslado actual representa “un nuevo capítulo en la disputa por la simbología de los objetos revolucionarios en América Latina”, similar a lo ocurrido con la espada de Bolívar en Colombia. Bragoni advirtió que “el debate sobre el pasado es, en realidad, una parte intrínseca del debate político del presente, donde el sable funciona como un potente elemento de comunicación y marketing político”.
Finalmente, la entrevista puso de relieve el impacto institucional de esta medida, que ya provocó la renuncia de la directora del Museo Histórico Nacional para evitar ser quien formalice la entrega de la reliquia al ámbito militar.
Mientras el Gobierno se prepara para un acto simbólico en San Lorenzo con la posible presencia del presidente Milei, Bragoni enfatizó que el retiro de la exposición pública hacia un lugar de acceso restringido es visto por sectores de la sociedad como un triunfo de la “mezquindad” simbólica. La experta concluyó que “la memoria de San Martín sigue siendo un territorio en disputa, donde se pone en juego si su figura pertenece a la ciudadanía plural o queda reservada a la liturgia de las fuerzas armadas”.