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“Así como estamos, vamos camino a la tumba”: alarma en el sector yerbatero

Denuncian que la desregulación del Instituto Nacional de la Yerba Mate dejó al sector sin protección. Pagan la hoja verde por debajo de los costos, crece la importación desde Brasil y Paraguay y miles de familias quedan al borde de abandonar la actividad

La producción de yerba mate atraviesa una de las peores crisis de las últimas décadas. Productores del norte argentino advirtieron sobre precios “de quebranto”, cheques sin fondo, importaciones crecientes desde países limítrofes y el riesgo concreto de desabastecimiento si no hay una respuesta urgente del Gobierno nacional.

“El año pasado ya terminamos perdiendo plata y este año la situación es directamente insostenible”, afirmó Julio Peterson, presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte, en diálogo con La Marca de la Almohada. Según explicó, el costo actual de producción ronda los 435 pesos por kilo de hoja verde, mientras que las industrias ofrecen entre 180 y 200 pesos, con pagos diferidos de hasta 180 días.

“Trabajar hoy es fundirse. Arrancar la cosecha en estas condiciones es ir camino a la tumba”, sostuvo. La situación se agrava, además, por el incumplimiento de pagos: “Hay decenas de productores sobre la Ruta 14 con cheques que hoy rebotan en los bancos y las industrias no se hacen cargo”.

La crisis contrasta con el precio que paga el consumidor final. Un paquete estándar de yerba mate ronda los 4.500 pesos, mientras que al productor le llega una porción mínima de ese valor. “Es una cadena totalmente desequilibrada”, remarcó Peterson.

Uno de los puntos centrales del reclamo es el desmantelamiento del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). El organismo, creado en 2001, tenía funciones regulatorias clave, entre ellas la fijación de precios de referencia que garantizaban cubrir los costos de producción. “Al INYM lo destruyeron. Le cortaron los brazos y las piernas. Hoy existe, pero no puede hacer nada”, denunció.

Con los cambios introducidos por el DNU 70/23 y decretos posteriores, el Instituto perdió atribuciones vinculadas al control de plantaciones, la calidad del producto y, sobre todo, la protección del pequeño productor. “Hoy el productor negocia solo frente a la industria, sin ningún respaldo”, explicó Peterson.

En paralelo, crece la preocupación por la apertura de importaciones. Según el dirigente, varias empresas ya están trayendo yerba desde Brasil y Paraguay, aprovechando la falta de controles. “Termina en paquetes que dicen ‘yerba mate argentina’, cuando no lo es. No se garantiza calidad ni trazabilidad, y el consumidor lo empieza a notar”, advirtió.

El impacto social es profundo. Más del 70% de los trabajadores rurales vinculados a la actividad habría migrado a Brasil en busca de empleo, mientras que pequeños productores venden sus chacras para poder sostener a sus familias. “Hay padres que tienen que decidir entre pagarle la facultad a sus hijos o vender la tierra. Es devastador”, relató Peterson.

Argentina es el principal productor mundial de yerba mate, con cerca de 900 millones de kilos de hoja verde por año. “Ni sumando toda la producción de Paraguay y Brasil se llega a lo que produce nuestro país. Si desaparece el productor argentino, no hay forma de reemplazarlo”, alertó.

Desde el sector reclaman una decisión política urgente que restituya las funciones del INYM y garantice precios mínimos que cubran los costos. “No se puede condenar a más de 50.000 familias para beneficiar a un puñado de grandes jugadores”, concluyó Peterson.

Por ahora, los productores mantienen un cese de cosecha por 15 días y evalúan los próximos pasos. “No jueguen con la paciencia del productor”, advirtió el dirigente. “Somos tranquilos, pero cuando se cruza un límite, nadie sabe cómo puede terminar”.