El presidente de Nucleoeléctrica Argentina enfrenta cuestionamientos por licitaciones de servicios críticos con posibles sobreprecios, cambios de reglas y apartamientos de funcionarios, en medio del proceso de privatización parcial de la empresa

El presidente de Nucleoeléctrica Argentina SA (NASA), Demian Reidel, uno de los funcionarios más cercanos al presidente Javier Milei, quedó en el centro de una escalada de denuncias internas y judiciales por presuntas irregularidades en procesos licitatorios y compras directas realizadas en los últimos meses dentro de la empresa estatal.
NASA es la operadora de las tres centrales nucleares en funcionamiento del país —Atucha I, Atucha II y Embalse— y desde fines del año pasado inició un proceso de privatización parcial. Reidel, economista de perfil técnico y fuerte peso ideológico dentro de La Libertad Avanza, asumió la conducción con el respaldo directo del Ejecutivo nacional.
El conflicto se desató a partir de una licitación para el servicio de limpieza en áreas sensibles de las centrales Atucha I y II, consideradas críticas por tratarse de sectores con riesgo radiológico. La contratación encendió alarmas internas por el modo en que se desarrolló el proceso.
Según información publicada por el diario Perfil, la licitación incluyó modificaciones en los requisitos de admisibilidad, plazos acotados y criterios técnicos que redujeron de manera significativa la competencia. De nueve empresas oferentes iniciales, solo dos —LX Argentina y La Mantovana Servicios Generales— superaron la evaluación técnica preliminar.
Sin embargo, días después apareció incorporada en la etapa económica la firma Limpiolux, pese a no haber sido evaluada técnicamente por el área requirente. Ese hecho generó fuertes cuestionamientos internos por afectar la trazabilidad del expediente y vulnerar el debido proceso administrativo.
Las tres empresas presentaron ofertas muy superiores a los valores históricos del servicio. Dentro de ese esquema, la propuesta de LX Argentina resultó la más baja, lo que la posicionó como eventual adjudicataria. No obstante, la denuncia interna sostiene que su oferta superaba en al menos un 140% los costos históricos y los valores de referencia de la compañía.
El gerente de planta de Atucha I-II, Juan Pablo Nolasco Sáenz, elevó una presentación formal ante el Comité de Integridad de la empresa. En ese escrito advirtió sobre presiones internas, intentos de reformular informes técnicos ya emitidos y pedidos explícitos para “justificar” económicamente ofertas más elevadas.
El escándalo expuso una fuerte puja interna en Nucleoeléctrica. Por un lado, se alinean cuadros técnicos con décadas de trayectoria en la empresa; por el otro, funcionarios que desembarcaron con la llegada de Reidel a la presidencia, en el marco del nuevo esquema político.
La tensión derivó en una reunión clave del directorio realizada la semana pasada. Allí se resolvió apartar de manera temporal a dos funcionarios designados por Reidel: el gerente general, Marcelo Famá, y el gerente de Coordinación Administrativa, Hernán Pantuso. Ambos quedaron señalados en la denuncia vinculada a la licitación cuestionada.
Según consignó Infobae, la votación estuvo a cargo del propio Reidel; el vicepresidente de la compañía, Guido Lavalle; y los directores Axel Larreteguy, Marco Campolonghi y Diego Chaher, quien además preside la Agencia de Transformación de Empresas Públicas (Atep).
Las decisiones se tomaron en dos instancias. En la primera, se votó la limitación de funciones de Pantuso, prosperando la propuesta de Reidel para que Ricardo Matuk, otro funcionario de su confianza y actual gerente de Administración y Finanzas, asuma esas responsabilidades. En esa votación, Larreteguy se abstuvo y Chaher votó en contra.
La segunda votación, vinculada a la Gerencia General, profundizó las diferencias. Chaher propuso designar a Fernando Monserrat, exgerente general y figura con trayectoria reconocida dentro de la empresa, alejado del círculo de Reidel. El presidente de NASA y Campolonghi votaron en contra, pero la moción se impuso por tres votos contra dos.
Las divergencias internas reflejadas en el directorio adquieren mayor gravedad ante la posibilidad de que las denuncias deriven en consecuencias judiciales, en caso de comprobarse sobreprecios o direccionamiento en las contrataciones.
El caso, además, no sería aislado. Antes de que el conflicto tomara estado público, la empresa Distribón SRL ya había presentado una impugnación ante la Justicia Federal por otra licitación de limpieza de NASA, al denunciar requisitos arbitrarios y plazos imposibles de cumplir para servicios de alta complejidad técnica.