El organismo estadístico comenzó a aplicar desde enero una nueva metodología para el Índice de Precios al Consumidor, con el objetivo de reflejar de manera más precisa la estructura actual de gastos de los hogares y el impacto real de los aumentos en las economías familiares

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) puso en marcha una nueva forma de estructurar el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que comenzó a regir a partir de las mediciones correspondientes a enero. El cambio apunta a mejorar la precisión del indicador inflacionario mediante la actualización de la canasta de bienes y servicios que se utiliza como referencia, un reclamo que el propio organismo venía reconociendo desde hace tiempo.
Hasta ahora, el Indec calculaba la inflación en base a la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares 2004/2005, una base metodológica con más de dos décadas de antigüedad. En ese período, los hábitos de consumo y la forma en que las familias organizan sus gastos se modificaron de manera significativa, lo que generó un desfasaje entre el índice y la realidad cotidiana. A partir de enero, la medición pasará a utilizar la Encuesta de Ingresos y Gastos 2017-2018, que ofrece un retrato más cercano —aunque no plenamente actualizado— del consumo en la Argentina.
El IPC es un indicador construido a partir de decisiones metodológicas que definen qué bienes y servicios se miden y qué peso tiene cada uno dentro del índice final. En ese esquema, las ponderaciones resultan centrales, ya que determinan cuánto impacta la variación de precios de cada rubro en el resultado general de la inflación. El índice que elabora el Indec refleja la evolución de los precios de un conjunto representativo del consumo de los hogares urbanos y se presenta tanto a nivel nacional como desagregado por regiones.
Los bienes y servicios que componen el IPC están organizados en 12 grandes rubros, cada uno con subdivisiones específicas. Sin embargo, no todos tienen la misma incidencia en el cálculo final. Con la nueva metodología, esas ponderaciones se actualizan para representar mejor la estructura actual de gastos, lo que implica que algunos rubros ganarán peso y otros perderán influencia en la medición.
Entre los cambios más significativos se destaca el aumento del peso del rubro Vivienda, electricidad, gas y otros combustibles, que pasa de representar el 9,4% del gasto familiar al 14,5%, un incremento de 5,1 puntos porcentuales. Transporte también aumenta su incidencia, del 11% al 14,3%, mientras que Comunicaciones —que incluye telefonía móvil e internet— duplica su peso, al pasar del 2,8% al 5,1%.
En sentido contrario, algunos rubros tradicionales reducen su participación en el índice. Alimentos y bebidas no alcohólicas baja del 26,9% al 22,7%; Prendas de vestir y calzado desciende del 9,9% al 6,8%; y Restaurantes y hoteles pasa del 9% al 6,6%. Estos cambios reflejan una redistribución del gasto familiar, con mayor peso de los servicios y de los costos asociados a la vivienda y el transporte.
Las nuevas ponderaciones comenzarán a verse reflejadas en el índice de inflación de enero, que el Indec difundirá a mediados del mes siguiente. Desde el organismo explicaron que la implementación se demoró debido a la realización de pruebas internas previas, aun cuando ya se había reconocido públicamente que el índice vigente estaba desactualizado.