Una familia bienvenida entre facultades: yacarés overos
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07/09/2022

El inédito apareamiento y nacimiento de crías de estos reptiles en la Reserva Ecológica de la Universidad Nacional del Litoral emocionó a los docentes e investigadores. Quiere decir que ese espacio natural, en medio de los edificios académicos, es apto para la fauna que, como esta especie, el caiman latirostris, recupere parte de su espacio de distribución      

Autor:
Redacción web

La Reserva Ecológica de la Universidad Nacional del Litoral cumplirá dentro de poco 25 años. Son dos hectáreas entre los edificios de varias facultades preservados como ambiente de mínima interferencia humana y una novedad puso en evidencia que las intenciones se traducen en realidad: el nacimiento de al menos una decena de crías de yacaré overo indica que individuos de especie de cocodrilos, particularmente dos machos y una hembra, consideraron que el hábitat era propicio para reproducirse.

La familia pertenece a la especie cuyo nombre científico es Caiman latirostris. Nombres populares reconoce varios, como yacaré ñato o de hocico ancho, pero en la Argentina es overo por las manchas difusas que viran del verde intenso al gris pálido como eficaz camuflaje.

El protagonismo de la Reserva en la Ciudad Universitaria de Santa Fe lo tienen dos lagunas. En la, precisamente, llamada De los Yacaré por el avistaje, hace un tiempo, de uno de esos animales, está la flamante familia. Cerca de estudiantes, profesores y otros asiduos concurrentes al predio.

“Salgo por la puerta de la facultad, camino hacia la derecha unos 20 metros y veo a la hembra con los pichones en el lomo en la laguna, muy cerca del lugar central de la Ciudad Universitaria”. Emocionada, lo dice para el programa ABC Alba Imhof, Licenciada en Biodiversidad y profesora a cargo de la Cátedra de Herpetología en la Facultad nombrada, de Humanidades y Ciencias. Integra, además, el Comité de manejo de la Reserva.

El yacaré overo habita regiones pantanosas y lacustres de Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay, y Uruguay, en especial las cuencas del río Amazonas, el Paraguay y el Paraná. Su zona de distribución más austral en el país es precisamente la región que hoy ocupa la ciudad de Santa Fe. La convivencia con el hombre, sin embargo, es complicada. En la Reserva de la UNL, se alegran investigadores y docentes, parece que bastante menos.

Allí hay una nueva familia de vecinos, y no tan común si se trata de reptiles. “El cocodrilo, en general, es el único que tiene este tipo de comportamiento maternal (y paternal, porque el macho cuida el territorio). Las crías permanecen hasta dos años cerca de la madre, más que del padre. Al lado, o encima de su lomo para tomar sol o debajo de ella para protegerse ante una amenaza”, explica Imhof. “Todos se mueven juntos”, recrea las escenas que tiene el privilegio de ver en la Ciudad Universitaria.

“Allí está la madre con 10 crías, lo que indica que eran más, porque es de suponer que algunas murieron en el invierno santafesino, que fue muy frío”, sigue la docente de la UNL, que celebra la elección de la laguna como lugar de apareamiento y cría. “Nos alegra, porque hemos visto la especie, pero nunca fue un lugar de reproducción, porque las condiciones de sonidos, de interferencia del hombre, son significativas”.

 

Siempre el hombre

Imhof ensaya una hipótesis sobre la posibilidad del hecho inédito de los nacimientos, que enfoca en la pandemia o, mejor, en las medidas tomadas para morigerar sus efectos: "Prácticamente durante dos años, estos animales han estado casi sin intervención humana. Y consideraron que, entonces, era una zona apta para al reproducción". 

El virus alejó al humano y ayudó a parir a los yacarés. Es que las actividades antrópicas son las que ponen en riesgo a la especie, modificando su hábitat. De hecho, en la Argentina, su población se redujo hasta límites preocupantes. Imhof integra el Proyecto Yacaré, creado hace más de 30 años en Santa Fe y que hoy es un modelo de preservación reconocido mundialmente. Desde 1990, lo dirige su creador, el médico veterinario Alejandro Larriera. 

"Hemos liberado al ambiente unos 100 mil ejemplares. Hay muchos en la provincia de Santa Fe, aunque afectados por el avance de la frontera agropecuaria, el traslado de ganadería a zonas de humedales que son sus hábitats, a los que se modifica por secado e incendios", resume la licenciada en Biodiversidad. El cambio en el uso del suelo en los humedales, para implantar actividades propias de otros ambientes, siempre produce consecuencias para la fauna. A veces directas, y otras indirectas. El cambio del hábitats conspira contra la reproducción de las especies. Y entonces, las poblaciones empiezan a declinar.