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Control de narcolemia: ¿de qué se trata y quiénes los practican?

24/02/2016

En 10 días comenzarán a realizarse test de narcolemia en la ciudad de Rosario. La medida se aplicará para detectar conductores bajo los efectos de drogas, y de ese modo concientizar sobre los efectos de los estupefacientes al volante

Llegan los controles de drogas a los conductores rosarinos.

La iniciativa surge del concejal radical Jorge Boasso; desde abril del 2014 está aprobada como ordenanza municipal, pero era incumplida. Ante las críticas, la intendenta Monica Fein convocó al mandatario a una reunión donde se tomó la decisión política de controlar a los conductores.

Se llevará adelante una prueba piloto por tres meses, donde no habrá sanciones sino que se buscará concientizar y no perseguir a los consumidores.

Los efectos de las drogas en la conducción

Por su acción sobre el sistema nervioso central, las drogas con posibilidad de ser halladas en los controles a los conductores pueden ser clasificadas de la siguiente manera:

• Estimulantes: pertenecen a este grupo los llamados menores: metilxantinas (cafeína, teobromina, teofilina). Y los mayores: anfetaminas, cocaína, etc.

• Psicodislépticos o Alucinógenos despersonalizantes: entre ellos se encuentran el LSD (ácido lisérgico), la marihuana, la psilocibina, etc.

• Depresoras: se ubican en esta categoría los hipnóticos o sedativos (barbitúricos y no barbitúricos); los tranquilizantes menores o ansiolíticos (benzodiacepinas y otros), los tranquilizantes mayores o antipsicóticos (neurolépticos) y finalmente, los antihistamínicos, morfina y otras drogas como el alcohol.

Muchas de estas drogas pueden afectar al conductor en una o varias aptitudes físicas y psíquicas, necesarias para la conducción.

Los efectos más comunes de la cocaína en cuanto se refiere a la conducción son particularmente graves: pérdida de inhibiciones, euforia, alteración de la conciencia y tendencia a la violencia.

La marihuana, dependiendo de la dosis administrada, en general causa euforia, distorsión de la realidad, alucinaciones auditivas o visuales, torpeza en cualquier maniobra. Y en el caso particular de la conducción puede estar alterada con bajas dosis la postura, el equilibrio, la concentración, la atención y la capacidad para incorporar datos.

El marco legal

En Argentina, la situación legal de los controles viales de drogas está contenida por la Ley Nacional de Tránsito (N° 24.449) de 1994. Originalmente, la norma en su artículo 48 ya prohibía conducir “habiendo consumido estupefacientes o medicamentos que disminuyan la aptitud para conducir”. Este artículo fue sustituido por el artículo 17 de la ley 24.778 (1997) que determinó: “Queda prohibido conducir con impedimentos físicos o psíquicos, sin la licencia especial correspondiente, habiendo consumido estupefacientes o medicamentos que disminuyan la aptitud para conducir”.

“La ingesta de drogas (legales o no) impide conducir cuando altera los parámetros normales para la conducción segura. En el caso de medicamentos, el prospecto explicativo debe advertir en forma resaltada el efecto que produce en la conducción de vehículos. También el médico debe hacer la advertencia”.

En otro artículo remarcaba: “Se consideran alterados los parámetros normales para una conducción segura, cuando existe somnolencia, fatiga o alteración de la coordinación motora, la atención, la percepción sensorial o el juicio crítico, variando el pensamiento, ideación y razonamiento habitual.

Finalmente, en el artículo 73, quedaban legalizados los controles preventivos: “Todo conductor debe sujetarse a las pruebas expresamente autorizadas, destinadas a determinar su estado de intoxicación alcohólica o por drogas, para conducir. La negativa a realizar la prueba constituye falta.”

El control en el mundo

Los controles de drogas a conductores comenzaron a ser materia de estudio hacia fines de los 90.

El primer país en aplicarlos efectivamente fue Australia en 2004 y en poco tiempo la modalidad se fue extendiendo a países de la Unión Europea y a algunos estados de Estados Unidos.

Justamente fue que a medida que los controles de alcoholemia se iban implementando en Europa, Estados Unidos y otros países, comenzó a observarse en muchos lugares una disminución de la tasa de alcohol implicada en los accidentes fatales, lo cual, además de considerarse un éxito en materia de seguridad vial, hizo que los especialistas tomaran nota sobre el siguiente factor tras el alcohol: las drogas.

Entonces, con Australia como pionera, varias naciones resolvieron implementar controles viales de drogas en su territorio. En 2010, los controles en Capital Federal  convirtieron a Argentina en el primer país de Latinoamérica en sumarse.

En la inmensa mayoría de los países que comenzaron a aplicar este tipo de controles, los análisis en busca de drogas no formaban parte del procedimiento judicial ordinario de un accidente, ni siquiera en los casos fatales -generalmente surgían por pedido expreso de un juez en base a alguna sospecha; por lo que, a diferencia de lo que sucedía con el alcohol, el primer escollo fue conocer el número cierto de consumidores de drogas que participan en accidentes.

De hecho, los organismos internacionales ocupados en la cuestión reconocen en sus informes que no se tienen aún datos exactos acerca de la cantidad de siniestros en los que las drogas están implicadas.

Sin embargo, de acuerdo a relevamientos de la TISPOL (Red Europea de Policías de Tránsito), la participación estimada de las drogas en los siniestros viales, en promedio,  se presenta como oscilante entre el 20 % y el 10 %, de acuerdo al país. Este consumo estaría compuesto principalmente por marihuana, benzodiacepinas, cocaína, anfetaminas y opiáceos, aunque no necesariamente en ese orden.

Los porcentajes varían también según la época del año y las edades. Es frecuente encontrar mayor índice de drogas ilegales en conductores jóvenes, mientras que las legales, medicamentos derivados de la benzodiacepinas, principalmente tranquilizantes, tienen mayor presencia entre los adultos.

La mayoría de los países relevados prohíben conducir bajo la influencia de sustancias psicoactivas; sin embargo, no hay criterios específicos relacionados con los diferentes tipos de drogas (lícitas o ilícitas) o el grado de uso; y solo algunos países definen una lista taxativa de medicamentos que estarían incluidos en los controles.

Bélgica, Alemania, Letonia y Finlandia tienen un sistema de dos niveles: la prohibición de conducir con impedimentos (causados por cualquier droga) y la identificación de determinadas sustancias para la tolerancia cero.

En algunos países, como Finlandia, una persona que se encuentre con rastros de drogas ilícitas en su cuerpo durante una prueba puede ser procesado por consumo de drogas; en otros, como Bélgica y el Reino Unido, existen cláusulas específicas en la ley de tráfico que prohíben que los resultados de las pruebas se utilicen para elevar cargos criminales. El mismo criterio tiene la norma que se aplica en los controles en Buenos Aires. El fin es la prevención de accidentes y no la persecución de adictos. Tal como se plantea para las pruebas en Rosario.

En los Estados Unidos, hay 15 estados que practican la tolerancia cero sancionando a los conductores por el consumo de drogas legales como ilegales.

En el resto, utilizan diferentes alternativas que incluso abarcan, por ejemplo, ningún tipo de control en este sentido.

Con respecto a los tipos de controles, también varían de acuerdo al país en que se apliquen. Los hay de varios tipos con diferentes procedimientos y herramientas. Así, hay países donde se realizan mediante dispositivos de toma de saliva, de orina o de sangre, o de una combinación de éstos, acompañados o no de un cuestionario y de ejercicios para determinar el grado de lucidez del conductor.

Control por saliva

El uso experimental de los análisis mediante pruebas de saliva data de 1984, pero pasaron más de 10 años hasta que comenzaran a ser utilizados por distintos cuerpos de policías del mundo. En todos los países hubo extensos períodos de prueba y se estudió su metodología en diversos proyectos.

Comparado con otros análisis más invasivos como los de sangre u orina, el sistema resulta bastante tolerable al conductor por su rapidez y es mucho más cómodo y efectivo para quienes llevan adelante el control por la facilidad del uso de los reactivos. Sus resultados son confiables entre un 80% y un 98%, dependiendo de los dispositivos que se utilicen y la droga que se testee. En general, los regímenes legales prevén un análisis confirmatorio posterior, ya sea en sangre o en orina.

El reactivo utilizado más comúnmente consiste en una pequeña tira plástica con un absorbente de saliva en uno de sus extremos, hay distintos diseños con leves variaciones,  y un indicador en el otro. El conductor mantiene el absorbente introducido en su boca durante unos 5 minutos para la obtención de la muestra, y luego el indicador, en función de la cantidad de metabolitos hallados en la saliva, señala si existe o no presencia de una sustancia en concentraciones determinadas. Los países que actualmente realizan controles viales de saliva son Austria, Eslovaquia, Eslovenia, Francia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, los Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Australia y algunos Estados de los Estados Unidos.

El procedimiento en ciudad de Buenos Aires

En Capital Federal, se utiliza el test de saliva, por su simpleza y por la rapidez en que arroja los resultados. Es práctico para los agentes que llevan el control y no resulta invasivo para quien es controlado.

Sin embargo, por el alto costo del reactivo, en CBA decidieron sumar un chequeo previo a los conductores a través de un pupilómetro: un aparato que mide la dilatación de las pupilas de los conductores.

El infractor tienen derecho a solicitar una contraprueba, que en este caso es un test de orina que se realiza en un hospital de la ciudad de Buenos Aires.


El riesgo de cada sustancia

Por Dr.Sebastián Cukier - Médico psiquiatra del Instituto Fleni

En términos generales, las sustancias psicotrópicas de mayor uso recreativo en nuestro medio pueden tener efecto depresor del sistema nervioso central (como el alcohol, la marihuana, los derivados opioides y las benzodiacepinas), estimulante (el caso de la cocaína y los derivados de anfetaminas como el éxtasis) o bien efecto psicodisléptico o sea, que distorsiona la percepción (como la marihuana o el ácido lisérgico). La presencia de estas drogas en sangre puede aumentar la tendencia a tomar riesgos al conducir, disminuir la coordinación motora y el tono muscular, distorsionar el cálculo de distancias y velocidades, afectar el tiempo de reacción o la agudeza visual o bien afectar la orientación espacial y temporal.

Más específicamente, el tetrahidrocannabinol (THC), componente activo de la marihuana, reduce la concentración y altera la percepción por ejemplo, la distancia de otros vehículos o el tiempo de frenado. Si se mezcla con alcohol, la conducción se afecta aún más que con cada sustancia por separado.

Trabajos científicos muestran el aumento del riesgo de chocar en personas con THC en sangre, aún sin signos visibles de intoxicación. El éxtasis y otros derivados de anfetaminas como la melilanfetamina (conocida como Speed) así como la cocaína, pueden aumentar la confianza del conductor de manera que realice maniobras más arriesgadas. Este tipo de drogas puede, a dosis altas, reducir la coordinación motora y afectar la capacidad para calcular velocidades y distancias.

Las benzodiacepinas por su parte (por ejemplo clonazepan, alprazolam, etc., conocidos como Rivotril, Clonagin o Alplax, entre otros) producen somnolencia, disminución de la velocidad de pensamiento y afectación de la performance motora, dependiendo de la dosis. También pueden producir confusión y desorientación temporal y espacial, debilidad muscular e incoordinación, sin que el conductor necesariamente deba percatarse de dichos efectos. En todos los casos, la probabilidad de sufrir o producir accidentes se encontraría aumentada.

 

Datos:
Publicación del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Drogas y seguridad vial