Los jóvenes “ni-ni” y la cultura del trabajo
  • Compartir

24/09/2020

Un investigador analizó el acceso al trabajo, al estudio y demás indicadores de la población de 18 a 24 años en los últimos 15 años

Material audiovisual complementario al informe sobre jóvenes y desigualdad social.
Autor:
Redacción web

Hacia fines de los años noventa y principios del nuevo milenio, una extraña palabra comenzó a filtrarse en los medios de comunicación para referirse a los jóvenes. La abreviatura “ni-ni” fue una forma de bautizar a esa supuesta nueva generación, de entre 15 y 24 años, y algunos extendiéndose hasta los 29, que “ni trabaja, ni estudia”. ¿De dónde venía ese término? ¿Qué escondía ese apodo? “La dinámica de las sociedades desiguales llevó a generar distintas figuras de alteridad radical y chivos expiatorios, que fueron funcionales en distintos momentos para legitimar dinámicas socialmente regresivas y la destrucción de derechos colectivos conquistados. Y esa dinámica comprendió desde la ´madre soltera´ en el inicio de la década de 1980 en EEUU o Gran Bretaña hasta al beneficiario de planes sociales en las últimas décadas en nuestro país”, señaló Gonzalo Assusa, sociólogo por la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) e investigador del Conicet enfocado en el estudio de la cultura del trabajo de jóvenes de sectores populares de Córdoba. Quien además acaba de publicar un informe sobre la desigualdad social entre jóvenes durante los últimos quince años en Argentina desde una perspectiva de derechos.

En diálogo con ABC Universidad, Assusa contó que el objetivo explícito del informe fue correrse de “las miradas dominantes sobre la juventud en el país que han concentrado sus esfuerzos en afirmar aquello que los jóvenes no hacen, aquello que les falta, pero han obviado aquello que sí hacen y que resulta vital para comprender sus condiciones de vida. Aunque la corrección política mande a hablar de la juventud en términos de ´futuro estratégico´, el concepto que realmente orienta las intervenciones sobre los jóvenes en nuestra sociedad está asentado en la mirada de la juventud como ´problema´ y como ´peligro´ del tiempo presente”.

 

La investigación

Las preguntas que guiaron el informe fueron, entre otras: ¿se puede seguir pensándolos como meramente inactivos y doblemente negados? ¿Se puede resolver sus problemas con políticas orientadas a la “inducción” al trabajo y al estudio, con intervenciones centradas en lo motivacional y la formulación de proyectos de vida? La metodología que utilizó Assusa para responder estos interrogantes fue estratificar a los jóvenes según las condiciones económicas, y dividirlos también comparando a los jóvenes con los adultos. El análisis se basó en los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC correspondientes a los primeros trimestres de 2004, 2009, 2014 y 2019.

Según consignó en el informe, en materia de educación, a diferencia de otras áreas, lo que se observa es una tendencia a reducir las desigualdades y a mejorar la cobertura general en todo el proceso (de 2004 a 2019). “En la actualidad hay más proporción de jóvenes en las escuelas, más proporción de jóvenes recibiéndose, y menos brecha de desigualdad entre los jóvenes de familias con más y menos ingresos económicos. En 2004, de cada diez jóvenes de 19 a 24 años entre los de menores ingresos cuatro poseía título secundario, y entre los de más ingresos, casi ocho lo poseían. En 2019, de cada diez jóvenes de 19 a 24 años, más de cinco con ingresos bajos poseen título secundario y entre los de más ingresos, más de ocho lo poseen”.

En cuanto al empleo, el informe muestra que los jóvenes están tres veces más expuestos al desempleo que los adultos, una brecha no se achica entre años. “El desempleo juvenil desciende entre 2004 y 2014 (diez puntos porcentuales menos), pero vuelve a aumentar entre 2014 y 2019 (siete puntos porcentuales más). En puntos porcentuales, este crecimiento es el doble entre los jóvenes más pobres, que entre los jóvenes de mayores ingresos. Desde una perspectiva de la coyuntura, se observa que los jóvenes de menores ingresos necesitan buscar empleo en los períodos de crisis. mientras que los jóvenes de mayores ingresos cuentan con los recursos familiares para esperar, formarse, y encontrar mejores condiciones de inserción laboral en el futuro”, se explica.

Alrededor de los ingresos económicos, en el informe se observa que entre 2004 y 2014 la distribución del ingreso entre jóvenes mejoró, pero que entre 2014 y 2019 la distancia volvió a crecer, y con ella, la desigualdad económica.

En materia de salud, “la población joven sin cobertura médica ha disminuido trece puntos porcentuales en estos quince años. Sin embargo, las brechas de acceso se han duplicado. Entre 2014 y 2019 disminuye la proporción de jóvenes de menores ingresos con cobertura médica (de 38% a 35%) al mismo tiempo que aumenta la cobertura entre jóvenes de mayores ingresos (de 87% a 93%). Aun en período de crisis (y cuando todos los demás pierden) los jóvenes mejor posicionados en la sociedad argentina pueden incrementar su acceso a derechos y condiciones de vida digna”, se señala.

Por último, en cuanto a la inserción laboral, se consigna que “la informalidad laboral juvenil disminuyó quince puntos porcentuales en los últimos quince años. Constituye uno de los mayores avances en materia de derechos en nuestra época. Sin embargo, mientras que esto significa un avance permanente y sostenido para los jóvenes integrantes de familias con más ingresos. Entre los jóvenes integrantes de familias con menores ingresos ha significado avances mucho más modestos entre 2004 y 2014 (de 66% a 60%), y retrocesos en la última etapa (de 60% a 67%)”.

 

 

Para acceder al informe completo, haga click aquí.