Protagonistas de la Universidad
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21/09/2020

En su día reconocemos el esfuerzo que los estudiantes realizan día a día para seguir en carrera

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Autor:
Redacción web

Con la llegada de la primavera se conmemora el día del estudiante. El paso por la educación trae aparejados conocimientos y aprendizajes, pero también muchas anécdotas y amigos. En este año tan particular, marcado por la pandemia actual, ser estudiante es un desafío doble.

¿Qué significa ser estudiante? ¿Qué esfuerzos tienen que hacer para cumplir sus sueños? ¿Cómo afectó la pandemia sus vidas cotidianas? Estudiantes de la Universidad Nacional de Rosario relatan sus experiencias marcadas por este contexto extraordinario y rescatan la elección de continuar estudiando

Lo esencial para poder seguir

Milagros Rolón tiene 18 años y vive en zona sur. Actualmente está cursando el primer año de la “Licenciatura en Letras” en la Facultad de Humanidades y Artes. Gracias a la Beca de Asistencia Integral de la UNR pudo continuar con sus estudios.

Debido a la situación sanitaria actual, la UNR tomó la determinación de implementar la Beca de Asistencia Integral con el objetivo de seguir acompañando a la comunidad universitaria. La misma está destinada a aquellas y aquellos estudiantes que por la situación de emergencia sanitaria, requieran de un acompañamiento mayor, distinto y adicional. “La beca me está ayudando a poder concentrarme en el estudio y la entrega de trabajos. Es muy importante para mi poder avanzar en la carrera porque es un sueño personal que me puse. Agradezco esta ayuda de la Universidad para poder cumplir mi objetivo”.

Milagros terminó el año pasado en la Escuela Nº 518 “Carlos Fuentealba” y fue a partir que representantes de la UNR acudieron a la institución a comentar la oferta académica que se decidió por estudiar una carrera universitaria. “Desde que empecé la Facultad mis conocimientos comenzaron a expandirse, y reafirmé que la decisión que había tomado en cuanto a seguir estudiando y la elección de la carrera era la correcta. Amo conocer cosas nuevas, leer y escribir. Es mi pasión y estoy contenta de poder apostar a esto“.

Alejandra Saavedra es oriunda de Río Negro y está cursando el tercer año de la carrera de Medicina. Al inicio de la pandemia no contaba con internet porque en la zona de la ciudad donde vive no llega la fibra óptica, por lo que pensó que este año le iba a ser imposible continuar con los estudios.

Sin embargo, aplicó a la Beca Conectar que comenzó a implementar la UNR en el aislamiento social y obligatorio. Esta consiste en la entrega de un módem USB y un chip de datos móviles con un plan de 5G que se renueva mensualmente.

“Era fundamental asegurarme conexión para poder estudiar. Tuvieron la amabilidad desde la Universidad de traerme el módem a mi casa porque no tenía posibilidades de trasladarme para buscarlo en ese momento por el paro de colectivos. Tengo cubierto ese problema, lo que me pone muy contenta y me deja tranquila”.

Desde que vino a la ciudad tuvo que trabajar para poder estudiar ya que sus padres no podían afrontar ese gasto. “Al enterarme este año de que existía esta beca, me inscribí por primera vez. La verdad que si no fuera por la beca creo que mi sueño de estudiar medicina sería todavía más difícil. Es una gran iniciativa que acompaña al estudiante y le permite seguir su camino”, contó Alejandra.

Un gran desafío en tiempos de pandemia

Con 18 años, Cecilia García se mudó desde Chubut a Rosario para estudiar Odontología, cuando había pasado un poco más de un mes que se instaló en la ciudad, se declaró el aislamiento preventivo, social y obligatorio.

“Elegí Rosario porque me gustó desde chica, con sus edificios antiguos, y porque me parecía una ciudad linda para venir a estudiar, aunque sabía que me tendría que adaptar, estaba muy emocionada con esta nueva etapa, así que la cuarentena me agarró de sorpresa y en mi mejor momento”, relata.

La estudiante recuerda que hubo momentos en los que se le dificultó mucho tener que vivir sola y sin poder salir: “A veces no sabía qué hacer, no tenía mucho ánimo para seguir estudiando, me costó mucho aprender a convivir conmigo misma”. Para Cecilia fue muy importante el apoyo recibido por las autoridades de la Facultad, así como el de una una compañera de estudios, con la que se hicieron amigas a través de un grupo de ingresantes de Odontología.

“Para ser amigable, pregunté en el grupo si alguien me podría pasar música, ella se comunicó conmigo, después hablamos por privado y nos empezamos a conocer. Me guió bastante con el tema de las salidas, me alentó mucho cuando yo estuve en malos momentos, y también recorrimos un poco la ciudad cuando estaba permitido”, cuenta Cecilia.

La joven resalta que le encanta sentirse una universitaria. “Saber que elegí la carrera adecuada y que a pesar de no haber podido cursar como me lo imaginaba, con clases presenciales y todas las prácticas, estoy conforme con mis resultados, estar en la Universidad es una experiencia muy linda que me genera muchas emociones”.

Ayudar desde la experiencia

María Paula Garbuglia es estudiante del último año de la carrera de Bioquímica, desde hace dos años que se desempeña como tutora par, un programa de la Universidad Nacional de Rosario, donde estudiantes avanzados tienen la función de asesorar y acompañar a sus pares ante diferentes problemáticas que pudieran presentarse en la vida universitaria.

Para ella fue su propia experiencia como alumna la que la impulsó a participar como tutora. “En mi caso encontré una traba muy grande en una de las primeras materias de la carrera que me representó una gran angustia y malestar, y en eso fueron muy importantes mis amigos facultativos y los compañeros de estudio. Por eso me inicié en el programa, para servirles de apoyo a muchos estudiantes que tal vez encuentran diferentes obstáculos a lo largo de la carrera y requieren de alguien que les dé una mano para afrontarlos”.

Garbuglia resalta que este año recibieron más consultas que en los anteriores, especialmente de los ingresantes: “La adaptación a la vida universitaria no es sencilla, y menos en este contexto virtual donde muchos no llegaron a conocer la facultad, los docentes ni su funcionamiento. Los estudiantes avanzados logramos sortear la situación de otra manera, pero para aquellos que están dando sus primeros pasos no es nada fácil y es fundamental desde nuestro rol transmitirles tranquilidad y evitar sentimientos de frustración o desánimo”.

La tutora considera que lo más importante es que los estudiantes permanezcan en la Universidad “que en términos académicos hagan lo que esté a su alcance pero que puedan permanecer en la institución, porque eso, en este contexto tan adverso, es un gran logro “, remarca.

Pasión por investigar

Leonel Rojas es estudiante de la Licenciatura en Historia y trabaja en un proyecto de investigación sobre “Historia de la secularización”. Durante el aislamiento, reconoce que hubo dos momentos distintos: el primer mes para reacomodarse a la nueva realidad y luego el período en el que comenzó el cursado virtual y los exámenes con distintos protocolos, que abrieron la posibilidad de continuar también con la tarea de investigación.

Cuenta que en estos seis meses fue imposible acceder a los archivos físicos para desarrollar el proyecto, por lo que resultaron indispensables aquellos documentos que tenía digitalizados. En su caso, sacarle fotos a los archivos o buscar material en los repositorios virtuales era una práctica que ya hacía antes de la cuarentena pero afirma que ahora “sirvió mucho más”.

Rescata las reuniones científicas realizadas por el Instituto de Investigaciones Socio Históricas Regionales (ISHIR) a través de la plataforma Zoom en la que pudo exponer el avance de su trabajo y tener contacto con otros investigadores así como socializar el conocimiento.

“Creo que las reuniones virtuales es algo que puede seguir, no para reemplazar las presenciales pero da la posibilidad de estar en contacto con profesionales de otras latitudes”, sostiene y considera que ahora estamos más preparados en lo tecnológico y que si bien estas herramientas ya existían, no se estaban utilizando.

Aldana Pulido es becaria del Conicet, su campo de estudio es Sociabilidad, Género y Espacio público. Está finalizando la maestría en enseñanza de la historia en la UNR y cursando el doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Cuenta que cuando empezó la cuarentena, en la maestría estaba en el período de escritura del trabajo final, por lo que el aislamiento en un punto la favoreció para poder terminar. Actualmente está realizando los trámites administrativos para poder hacer la defensa virtual.

En el caso del doctorado afirma que fue más complicado para investigar por los pocos archivos digitalizados que hay en los museos, por ejemplo. “Este período nos hizo revalorizar los archivos digitales por los que había un cierto recelo entre los historiadores debido a la pérdida de la materialidad de las fuentes”, dice y a la vez reconoce: “Sin embargo, los que están digitalizados nos salvaron para seguir investigando”.

Rescata como positiva la oferta de charlas y clases virtuales sobre diversas temáticas y con profesionales del país y del mundo. “Esta modalidad no la habíamos pensado antes del aislamiento y era posible”, afirma. Considera que este intercambio generó una red que anhela se mantenga cuando vuelva la presencialidad. “Fue una oferta muy interesante que antes era más limitada o había que viajar para poder acceder.”

Construir desde el territorio

Rosario Rodriguez tiene 25 años y está cursando la Licenciatura en Trabajo Social. Desde hace varios años combina su rol de estudiante con la extensión universitaria, la cual se presentó en primer momento como un verdadero desafío.

Su primer acercamiento a esta faceta se dio a partir del espacio de prácticas preprofesionales de la carrera, y junto con algunas compañeras empezaron a participar. “Con esta experiencia pude comprender que la Universidad es un actor social, como así también, un vehículo de transformación. Todas las perspectivas que propone la Universidad, es decir docencia, investigación y extensión, no son ajenas ni están aisladas, sino que se conectan para generar un beneficio a la comunidad”.

La experiencia le significó una posibilidad de aprendizaje constante, donde no sólo pudo aplicar los contenidos académicos de la carrera sino que le permitió tomar contacto con realidades diferentes. “Es un espacio donde se da un intercambio de saberes, se posibilita la intervención de todos los actores que participan del proceso. Me parece muy importante porque no se encara desde un lugar academicista vertical, sino que se construye con esa realidad y se piensa en ese contexto”.

“Es elemental que los estudiantes participemos de los proyectos de extensión porque son un espacio más de formación y aprendizaje”, opinó Rosario y agregó que para poder intervenir sobre la realidad es necesario “comprender, transitar y escuchar a los actores porque eso también es conocimiento”.