Una clave de identidad
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13/07/2020

Un equipo de investigación de la Facultad de Arquitectura y Diseño investiga cómo se fue codificando la relación entre Rosario y el Río Paraná

Rosario y el Río Paraná.
Autor:
Redacción web

La relación de la ciudad y el río a lo largo de los años, y como fue mutando la misma, es una de las aristas que describen urbanísticamente a Rosario. Un proyecto de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario, integrado por Bibiana Ponzini, Cecilia Galimberti, Andrea Basso y Jorge Español, investiga cómo se fue dando la recuperación de esa relación a lo largo de los años y como los imaginarios colectivos la concebía a través del paso de los años.

El trabajo desarrolla las transformaciones urbanas desde la perspectiva de los estudios culturales. “No es un tema que no haya sido abordado por otras disciplinas, pero nosotros pretendemos tomarlo desde un nuevo enfoque trabajando con las representaciones e imaginarios que se dieron a lo largo del siglo pasado sobre esta relación y que ayudaron a la construcción de identidades sociales múltiples y móviles”, comentó Bibiana Ponzini.

Los profesionales trabajaron desde artículos de prensa, postales, cartografías y folletería turística asociados a toda documentación técnica que tenga que ver con las transformaciones o desarrollos arquitectónicos que inciden en la relación ciudad- río. Esto implica un trabajo de contraste entre las representaciones y las fuentes documentales a fin de intentar superar las dificultades que tienen el manejo de interpretaciones y los imaginarios, aún en aquellas piezas que son aparentemente técnicas.

“Este enfoque implica trabajar con la ciudad como objeto de cultura, como condensador de valores simbólicos. En ese sentido, es importante poder analizar la ciudad desde todas las prácticas significantes que generaron esos imaginarios que se inician muy tempranamente y continuaron hasta fines del siglo XX”, explicó Ponzini.

El título de uno de los trabajos del proyecto es “De la producción al ocio”, y en palabras de la investigadora, sintetiza dos ideas claras de ciudad: un origen claramente vinculado con las operaciones portuarias y ferroviarias, y una reconversión al esparcimiento y los espacios públicos.

 

Dos visiones distintas de ciudad

El espacio del bajo era a finales del Siglo XIX un lugar desordenado, donde si bien tempranamente se registran crónicas de reclamos sobre su embellecimiento y arboleda, los distintos gobiernos municipales lo consideraban como un espacio estrictamente funcional. “Fue en la primera década del Siglo XX se termina la red de trenes y las instalaciones del puerto, lo que termina obturando toda relación entre la ciudad y el río en la costa central al construir una serie de galpones y estructuras pensadas para ese fin que tapaban el contacto de la población con las orillas“.

Durante los años 20 y 30, se lleva a cabo un momento clave en el despertar del imaginario de un nuevo modelo de ciudad donde confluyen una serie de asociaciones vecinales, especialmente del área norte, que estaban influenciadas por las permanentes publicidades en los medios gráficos sobre las vacaciones de los rosarinos en la costa atlántica. “Empezaron a concebir al agua como disfrute, el río deja de ser un objeto de contemplación para pasar a querer estar dentro del mismo. Se puede reconocer los vecinos de La Florida que propusieron balnearios populares, pero también se puede vislumbrar proyectos de Sorrento y Arroyito. Algunos de ellos se van a construir de manera precaria por voluntad de los vecinos. En general la mayoría de los proyectos de transformación de la rivera van a estar ubicados al norte porque las otras zonas estaban ocupadas por las estructuras antes mencionadas”.

Mientras vecinos proponían una apertura hacia el río, desde el Municipio los proyectos que se hacían cercanos a este se ubicaban por encima de la barranca. Entre 1925 y 1930 se proyectan cinco parques, desde lo que es hoy el Monumento a la Bandera hacia el sur, pero ninguno se lleva a cabo por lo que se sigue sin poder lograr este vínculo.

Más tarde suceden dos acontecimientos importantes: el Plan Regulador Rosario y la aprobación de la Ley Provincial de Parques. El primero se planteaba como un sistema de parques que trascienden las fronteras de la propia ciudad y era un impulso para reforzar la visión de una ciudad con más espacios verdes y relación con el río, aunque su ejecución también va fracasar. “La Ley de Parques era muy pretenciosa en cuanto a la cantidad de parques para la ciudad, pero lo que se termina ejecutando los Parques Balneario Ludueña (hoy conocido como Alem), Norte y a la Bandera. Esto va cambiando la fisonomía de la costa rosarina pero no la relación con el río”.

Muchos proyectos surgieron a partir de esta intervención, sumados a la construcción del Monumento y la creación del Parque Urquiza. Sin embargo, todos los planes fueron desestimados durante la última dictadura cívico militar. “Recién con la vuelta de la democracia se inicia un camino que verdaderamente va a recuperar la relación de la ribera y la ciudad, como también de las huellas históricas del patrimonio ferroviario y portuario”.

Lo importante de la década del 20 y el 30 es que se construyen una serie de construcciones discursivas. Muchas de ellas surgen de los propios autores del Plan Regulador como el balcón al río, una frase que fue reiterada por la prensa y quedó impregnada en la memoria.

“También por esa época encontramos una nota que se titulaba ‘La ciudad que quiere ignorar su río’, que remarca esta idea de la ciudad a espaldas al río. Esta noción se va a trabajar mucho en la época del 70 al 90, tanto en ámbitos académicos y profesionales, como en el humor gráfico”, confesó la investigadora.

 

El río como distintivo

Con la recuperación democrática, las políticas públicas de la ciudad no se interrumpieron y la decisión de recuperar definitivamente la relación con el río se mantuvo en el horizonte con la creación de espacios de los que la ciudadanía se apropió con rapidez.

Además en los últimos años la sustentabilidad ambiental es un tema obligado en la agenda público y por eso se ve como una cuestión central el recuperar el humedal que se encuentra en las islas a partir de la preservación de las especies propias del lugar y la idea de la no contaminación. “Esto abre un nuevo paradigma urbanístico y el desafío está en seguir recuperando las cuencas de los arroyos y trabajar codo a codo con la Provincia de Entre Ríos para mantener el humedal que es un escenario natural muy importante no sólo para la región sino también para el país”.

Todos los cambios que se han desarrollado a lo largo de los años han ido contribuyendo a una recostura del tejido urbano con la costa y la recuperación de espacios estratégicos para el uso de la ciudadanía ha sido un aporte muy valioso para el crecimiento de Rosario. “Estas acciones la han ido posicionando como una ciudad turística, sobre todo las acciones que se llevaron a cabo desde los años noventa para adelante. El uso público de la costa y los espacios colectivos la distinguen de otras localidades del país, convirtiéndola también en un lugar cultural y de expresión de la ciudadanía”.

 

Por: Gonzalo J. García