Adolescentes con el reloj cambiado
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04/03/2020

La neurocientífica María Juliana Leone explicó cómo el jet lag social que padecen los jóvenes impacta negativamente en el rendimiento académico

María Julia Leone, autora principal del paper.
Autor:
Redacción web

Un equipo de investigadores del Conicet, liderados por la neurocientífica María Juliana Leone, comprobó que los adolescentes argentinos que concurren al turno mañana de la escuela secundaria son quienes más perjudicados se ven con el jet lag social, y padecen hasta cuatro, lo que puede resultar nocivo para su proceso de aprendizaje.

Vale decir que el jet lag social es un mal al que cada vez más personas se exponen, en tiempos de redes sociales, celulares encendidos las 24 horas y estimulación informativa constante. Este efecto se produce cuando las horas destinadas al descanso se alteran, y luego cuesta acomodar las rutinas diurnas.

En diálogo con ABC Universidad, la neurocientífica María Juliana Leone dio detalles de la investigación que hace poco publicó la revista Nature Human Behaviour sobre el efecto del sueño en el rendimiento escolar.

Según contó, el cronotipo, es el horario biológico interno de una persona, que está regulado por un reloj que se aloja en el cerebro, y va cambiando con la edad. En la madurez las personas tienden a levantarse más temprano, pero en el caso de los adolescentes, su cronotipo tiende a ser más nocturno, es decir que naturalmente se duermen más tarde. De hecho, biológicamente, el momento de mayor vespertinidad se da al final de la adolescencia, alrededor de los veinte años. Por esa razón, también deberían levantarse más tarde, ya que de esa forma lograrían cubrir el período de sueño que recomiendan los organismos de salud mundial, que sugieren que los adolescentes deben dormir entre ocho y diez horas.

Sin embargo, la escuela suele iniciar el turno matutino antes de las ocho de la mañana, lo que en muchos casos provoca que se les acorte el período de sueño. Con esos datos sobre la mesa, los científicos pusieron la lupa en la interacción entre el cronotipo de los adolescentes y el horario escolar, para intentar examinar cómo influye esa interacción en su rendimiento académico.

“En primer lugar, en cuanto a los hábitos de sueño, vimos que los adolescentes que asisten al turno mañana duermen muy poco y tienen niveles altísimos de jet lag social”, señaló la investigadora, y agregó que “vimos que ese efecto está exacerbado, sobre todo, en los adolescentes de quinto año, que son los más nocturnos y que acá son particularmente más nocturnos que en otros países”.

En síntesis, vieron que el rendimiento académico mejora cuando los horarios escolares están mejor alineados con los ritmos biológicos de cada adolescente: cuando el adolescente que es más matutino concurre por la mañana y el más tardío o nocturno, por la tarde o noche respectivamente. Y que sería mejor que matemática no estuviera en las primeras horas del cronograma escolar, ya que eso va en detrimento de los adolescentes más nocturnos.