La Fabulosa Trilogía de fin de siglo

03/12/2019

Escuchá el programa que hizo La Canción del País en base al libro “Días distintos. La Fabulosa Trilogía de fin de siglo de Andrés Calamaro” del escritor y periodista Walter Lezcano

La Fabulosa Trilogía de fin de siglo.
Autor:
Redacción web

Entre el registro del ambiente sociopolítico y cultural del país, la crítica musical y el rescate de un variado material de archivo con declaraciones del compositor y cantante a lo largo de su trayectoria (Rolling Stone, Inrockuptibles, La Mano, Twist y Gritos, Cerdos y Peces, Brando, Clarin, etc), el ensayo de Lezcano, todo un panegírico, traza un arco que va desde la participación de un jovencísimo Calamaro en el grupo Raíces a fines de los setenta, pasando por Los Abuelos de la Nada y su etapa solista en la década del 80`, para centrarse, luego del éxito alcanzado con Los Rodríguez en España y Argentina en los noventa, en las condiciones de vida, producción e inspiración de los discos Alta suciedad (1997), Honestidad brutal (1999) y El salmón (2000).

“Días distintos” presenta además una serie de comentarios en primera persona, tituladas “Brothers in Arms”, de Cuino Scornik; amigo y coautor de muchos de los temas de Calamaro, Gringui Herrera, ex integrante de Los Abuelos de La Nada, Guido Nisenson; ingeniero de sonido y productor, Jorge Larrosa; letrista de Calamaro en la época post-Salmón, y el Indio Solari.

El crítico musical y periodista Pablo Shanton analiza algunos aspectos de la obra de Calamaro a través de un intercambio de mails con el autor del libro.

«Estando en Los Abuelos, Calamaro hace su aporte al “poptimismo” del rock pot-Malvinas, junto Twist, Soda, Virus, Viudas, Zas y demás. Esa etapa de galán que funcionaba como el Harrison de Los Abuelos aportando toda la frescura de la juventud quedó documentada en hits como Sin Gamulán, Costumbres Argentinas y sobre todo Así es el calor (con esa frase “La del medio está buena, ajá” que me parece un hallazgo, un fragmento del habla de los pibes cortado de la realidad y pegado en la canción, sin filtro ni emocional ni literario). Desde ese podio de la aristocracia del rock & pop de los ochenta, Calamaro fue rockeando y rockeando, hasta que vio la raya y subió. Tras la exitoína de Los Rodríguez, sobrevino el bajón introspectivo pero masivo de Alta Suciedad y Honestidad Brutal. Del circo al Clonazepán, en pocos años. Calamaro fue definiendo en los últimos años un perfil de cantante popular, que no es lo mismo que ser la voz de los pibes modernos de los ochenta, ni la resaca de eso en forma de verborragia cantautoril. Hoy que tenemos claro que Miranda es pop y Callejeros, rock (y retrospectivamente queremos ver a Soda como pop y a los Redondos como rock, digamos), no podemos medir a Calamaro con la misma vara. Se trata de un cancionista argentino que se crió en el rock de los setenta y el pop de los ochenta, con intenciones de dar con la fórmula de la “lengua popular”, sin prejuicios a la hora de estudiar los mecanismos secretos de la bossa, el funk, el tango, el reggae, el bolero, el flamenco, la rumba, la cumbia, etc. Pop es poco para Calamaro: él quiere ser popular», dice Shanton.

 

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