Un modesto batacazo santafesino

18/09/2019

Carlos Bernatek habló con La Canción del País sobre “El hombre de cristal”, la última parte de la trilogía de Santa Fe 

Carlos Bernatek.
Autor:
Redacción web

Nacido en Avellanada en 1955, a los 18 Carlos Bernatek llegó a la ciudad de Santa Fe, en la que residió durante unos 20 años. Por varias de sus novelas ganó, entre otros, los premios Alcides Greca (1994, 2000), Fondo Nacional de las Artes (2003, 2007), Clarín de Novela (2016). A pesar de esos galardones, la llegada a los lectores y cierta circulación crítica ha sido algo morosa.  En 2015 se publicó La noche litoral bajo la editorial Adriana Hidalgo, ya casi el hogar de las narraciones de Bernatek desde que el primer editor de esta, Edgardo Russo, inauguró el sello en 2000 con Rutas argentinas, novela de nuestro autor.

La Canción del País contactó a Carlos Bernatek, en su paso por Rosario, para que responda algunas preguntas sobre “El hombre de cristal”, la última parte de la trilogía de Santa Fe.

- En las dos primeras partes de la trilogía de Santa Fe (La noche litoral y Jardín primitivo) el protagonista es Ovidio Balán. ¿Decidió que el foco en El hombre de cristal estuviera en Jota, es decir, fue deliberado o se le fueron dictando los personajes?

La intención fue desplazar el eje que hasta entonces estaba sobre Ovidio, procurando ver al personaje desde “afuera”, desde la mirada de los otros, precisamente cuando empieza la declinación. Y Jota me pareció, como contracara, alguien que, proviniendo de una extracción social similar, había tomado las opciones opuestas: el acatamiento, la obediencia al sistema.

- A pesar de que, como en las dos novelas anteriores, en El hombre de cristal se narren miserias de personajes de clase media o directamente marginales, el tono es decididamente cómico y humorístico. ¿Qué le permite decir y qué le interesa de esta elección estética?

El tono de la trilogía, según yo lo entendía, debía guardar correspondencia con la forma en que se asume la realidad, es decir: la composición de la tragedia no implicaba sumergir a los personajes en el dramatismo de la lengua, porque no es ese el modo de aproximarse a la verosimilitud. O sea, desplacé los tonos muy lejos del “realismo social”. En mi criterio, es en esta cuerda donde discurre la resignación, o la rebeldía, distante de cualquier mensaje.

- ¿Cuánto hay de recuerdo y cuánto de invención en esta novela?

Un poco y un poco: los recuerdos, las anécdotas escuchadas, se van metamorfoseando con la invención. Tal vez la mera realidad narrada, resulte a veces inverosímil. El modo de conjugar ambas produce una tercera instancia, que sería la literaria.

 

La entrevista completa aquí.