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¿Quién enseña a quién?

17/07/2015

Actualmente las personas jubiladas tienen la oportunidad de acceder a la educación formal y de establecer nuevas relaciones

Además de educarse construyen vinculos.
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Autor:
Andrea Ripari

El programa Upami nació en el 2009, gracias a una serie de convenios que se promovieron a lo largo de toda Argentina. El acuerdo que firmó la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y el  Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (Pami) vinculó a una institución netamente asistencial con un establecimiento educativo formal. El motivo que dio lugar a esta iniciativa fue generar un espacio vinculado a la educación de adultos mayores. Al ser un plan educativo, la estructura es una oferta académica a nivel de las carreras de grado.

Hoy en día este proyecto agrupa más de 40.000 educandos en todo el país; y llega hasta lugares de la Patagonia donde no existe otra oferta académica. Este año, en Rosario, concurren alrededor de 700 alumnos. Desde el punto de vista de esquemas pedagógicos destinados a personas mayores es una oportunidad formidable, ya que coexiste con los programas que la universidad tiene por sí misma.

Una formación diferente

A diferencia del Programa Universidad Abierta para Adultos Mayores, Upami está planeado para integrar a personas jubiladas con tiempo libre y ganas de capacitarse.

Con respecto a los contenidos que se dictan se reparten en cursos de computación, alimentación responsable, inglés, francés, italiano y portugués. Asimismo existen talleres de radio, jardinería, comunicación social, cultura popular, historia del arte, biotecnología y escritura. Siempre desde lo educativo, pero tratando de no superponerse con el resto de los dictámenes de la UNR.

Lucrecia Dasso, Coordinadora Universitaria del proyecto, sostuvo “El objetivo es ahora que tienen tiempo,  que puedan acceder a actividades y a saberes, que no pudieron hacerlo en su momento, básicamente porque no disponían de tiempo”.

Las clases se dictan en las facultades, preferentemente del centro, ya que les queda más cómodo el traslado. La parte de informática se realiza en sede de gobierno, Maipú al 1000, donde toda la sala de computación fue equipada el año pasado.

“Preferimos usar el espacio de las facultades, porque es un programa de inclusión”. (Lucrecia Dasso)

“La idea no es la educación continua después de la jubilación. Es acercar al adulto mayor que nunca pudo llegar  a la universidad por distintas razones para que experimente el espacio universitario, con todo el simbolismo que tiene dicho ámbito”, admitió la organizadora.

El objetivo es brindarles a ellos la oportunidad de formar parte del espacio de la facultad; y sacarle provecho a la convivencia armoniosa que los vincula a los más jóvenes. Tiene el privilegio de contar con las características de educación universitaria. Trabajan con docentes universitarios y a su vez los coordinadores, también, son universitarios.

La pertenencia que sienten los adultos con el espacio que ellos mismos generan es muy fuerte. Por eso desde la institución educativa trabajan constantemente en propuestas que hagan hincapié en la inclusión.

Reflexionando sobre la tarea que tiene como docente y coordinadora, Lucrecia admitió: “Yo estoy convencida que lo que hace la diferencia son las oportunidades”. Y agregó: “Nosotros lo que estamos dando es una oportunidad, en una etapa de la vida para generar un cambio”.

El proyecto  se destaca por aportar un trascendental reconocimiento de saberes en una etapa de la vida en donde se aprecia más la valoración y las potencialidades.

Cambio de roles

Norma Capriolo es profesora de inglés desde hace años, y forma parte de este proyecto desde el comienzo. Al contar su experiencia abrevió: “Es un lugar sumamente gratificante, a mi me enriquece muchísimo como docente, porque las personas que participan, son los que tienen una historia de vida, ya larga. Y tienen todos muchísimo conocimiento”.

Emocionada reconoció que la clase se genera en un espacio cómodo, un lugar donde la gente elige ir, con total libertad. Ellos se sienten motivados a aportar todo lo que más puedan, y eso es reconfortante desde lo pedagógico hasta en lo personal. En cada ocasión que se les presenta demuestran su interés por aprender y relacionarse con los otros.

“No voy a enseñar, voy a aprender también”. (Norma Capriolo)

Es una esfera donde pueden sociabilizar y aportar las más heterogéneas historias de vida. El trasfondo que eso genera es muy variado. A esa altura tienen un conocimiento de la vida y del uso práctico que siempre permite instruirse y educarse.

Norma relató la gran alegría que le crea ser partícipe de este proyecto; para ella es un bienestar y una riqueza reciproca. Contó: “Ellos expresan la felicidad que les da estar en la clase”. Y como docente es sumamente reconfortante ver que el grupo alcanza una integración extraordinaria, se apropia de los espacios, y sigue una rutina ordenada y responsable.

El balance que realizó la profesora sobre este plan fue cien por ciento favorable. Primero  porque les ayuda a las personas adultas a re significar y valorar su historia particular;  y segundo porque les otorga una presencia socialmente mucho más fuerte.

Un ejemplo para muchos

María Argentina Moyano tiene 78 años y es alumna de Upami desde el primer momento. Con lágrimas en los ojos recordó el día en que le abrieron la puerta a los numerosos vínculos con los que cuenta hoy.

Fue en el 2010, continuó: “En enero nosotros vimos que en la televisión estaban dando los certificados por computación. Y dijeron, ‘si a ustedes les parece que pueden conseguir algo que desean hacer, por ser jubilados, acérquense a la calle San Lorenzo al 900’; y ahí no más fui. Era el mediodía y hacia un calor terrible”.

Explicó que como todo nuevo proyecto comenzó con temor a lo desconocido, pero día a día se apoderó de una riqueza que ella describe como increíble. Socialmente les da a las personas mayores una valoración extra. Son seres preparados y totalmente competentes.

“El solo hecho de saber que somos capaces de entender y aprender, en este momento, implica que nosotros nos sintamos mejor”. (M. Argentina Moyano)

Entusiasmada por todo lo que representa para ella esta experiencia, contó cómo son las clases a las que asiste. Recordó que tomó lección de informática y de distintos idiomas, en más de un nivel; y que todavía continúa en el proceso de formación. Según ella: “Todos nos conocemos con todos”, y eso genera que los encuentros sean participativos. Completó: “Todos son muy buenos, jamás se van a burlar”. La demanda de atención es casi personalizada.

Resumió las innumerables oportunidades que le brindo su participación en dicho programa afirmando: “Se crea un vinculo tan hermoso”. Ya que no solamente asisten a clases, sino que afirmó que una vez por semana se juntan a merendar y hacer la tarea, además de encontrarse en los cumpleaños y en todas las ocasiones en que es posible.

Luego de conocer todos los puntos de vistas y analizar las distintas posturas, se pueden entender los testimonios tan positivos que cada integrante quiere expresar. Si bien, también, se está trabajando en Granadero Baigorria y en Cañada de Gómez, es el deseo tanto desde la UNR como de Pami llevar el programa a los diferentes barrios. Para que de esta manera, todas y cada una de las personas mayores tenga la posibilidad de acceder a esta oportunidad, con todo lo que ello implica.