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Brasil en su laberinto, a una semana de los Juegos Olímpicos
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30/07/2016

Río 2016 no llega en el mejor momento. Crisis política, problemas de infraestructura y amenazas de terrorismo son algunos de los inconvenientes que se presentan para su óptima realización

Foto: EPE
Autor:
Alejandro Arnoletti

A sólo una semana del inicio de los Juegos Olímpicos, Brasil ultima detalles organizativos. La cita deportiva no llega en el mejor momento institucional y político del país vecino, con una Presidenta que afronta un proceso de destitución y uno interino con un escaso acompañamiento popular. En este inestable contexto se suma la amenaza terrorista, ante los ataques en Europa. El panorama dista mucho del imaginado hace siete años, cuando obtuvo la sede.

En cuanto a la infraestructura el comité organizador de los Juegos Olímpicos no logró finalizar las obras necesarias para ofrecer la hospitalidad requerida para los deportistas. Asimismo recibió fuertes denuncias sobre el estado de la bahía de Guanabara, donde se desarrollarán las pruebas de natación de aguas abiertas. En tanto que las obras viales en la ciudad son otro de los puntos flacos.

Para comprender el contexto en el que se desarrollará el primer Juego Olímpico en Sudamérica, el portal de Radio UNR entrevistó a Esteban Actis. El doctor en Relaciones Internacionales, docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UNR y becario postdoctoral del Conicet analizó los puntos salientes de la coyuntura brasileña.

 

¿Con qué ánimo recibe Brasil a los Juegos Olímpicos?

La verdad es que Brasil no está experimentando su mejor momento en materia institucional, política y social. Río de Janeiro hoy está atravesando una situación de fragilidad en muchas delegaciones y el mundo entero está viendo con cierta alarma la posibilidad de que los Juegos Olímpicos se realicen de forma exitosa y eficaz, como lo habían prometido cuando se adjudicó la sede. Y esto obedece a problemas sobre todo en el desarrollo de una estructura básica para el certamen; en la villa olímpica; problemas en el transporte, por ejemplo, en la finalización del subte que va a Barra de Tijuca o en el tránsito. La denuncia que ha hecho The New York Times respecto a la condición de las aguas donde van a nadar los atletas y un montón de otras deficiencias que han salido a la luz en estos últimos días, justamente están mostrando una fragilidad importante como país organizador. A eso se le suma también la aparición de un fenómeno que parecía alejado de estas latitudes como el fantasma de un ataque terrorista. Esto ha hecho que se haya decidido sacar el ejército a la calle. Es muy chocante y llama la atención el despliegue de las fuerzas, no sólamente para frenar los conflictos de seguridad urbana que tiene Río, sino también para prevenir cualquier problema de seguridad que atente contra la organización de los Juegos Olímpicos.

 

 

¿Por qué cree que Brasil no llegó a terminar las obras, habiendo tenido siete años para hacerlo?

En todas las sedes de los Juegos Olímpicos hay una situación que es normal y que tiene que ver con cierto retraso y apuro a último momento. Acá se sumó que en el último año Brasil ha sufrido un escándalo de corrupción que salpicó a la clase política y a sus principales empresas constructoras de infraestructura, que son las que se habían adjudicado gran parte de las obras. Esto ha retrasado toda la cadena de pagos y de ejecución progresiva de las obras, lo que ha ido paralizando a muchas de ellas y reflejan la indefinición y falta de culminación de gran parte de esa infraestructura. Claramente la fragilidad económica y política que ha vivido Brasil desde hace un año, que culminó con la destitución de Dilma Rousseff en el marco de este escándalo de corrupción, ha tenido una afección directa con los Juegos Olímpicos.

 

 

¿Cómo avanza el proceso de destitución de Dilma Rousseff? ¿Qué nivel de legitimidad logró reunir Michel Temer?

El gobierno interino de Michel Temer claramente en estos dos meses de Gobierno no ha logrado conseguir una legitimidad que justamente parecía carecer el de Dilma Rousseff. Es decir que el “impeachment” tenía la falta de una legalidad de base respecto al crimen que había cometido la presidenta, sino un fundamento político que era que Brasil estaba gobernado por una mandataria que tenía baja apoyatura de la sociedad. Temer está en la misma situación. Hoy las encuestas lo ubican con una aprobación de un 10 por ciento, lo cual marca una fragilidad absoluta y en el marco de un proceso que todavía no culminó. El mismo está siendo revisado por el Senado, que a fines de agosto debe votar con una mayoría de dos tercios para determinar si la presidenta es destituida o no. Esto, que fue catalogado como un golpe blando o un neogolpismo y la situación del gobierno de Temer que no logra tener control político, ha hecho que muchos senadores comiencen a analizar si revén su postura. Hoy la situación no es muy clara si Dilma Rousseff puede convencer a varios legisladores para que vuelvan atrás con su idea inicial de apoyar el “impeachment” y así regresar al poder. Parece una situación bastante difícil aún pero todavía tienen esperanzas de poder derrocar esta situación en la última etapa, a fines de agosto. Si la Cámara de Senadores no logra reunir los dos tercios Rousseff debería volver al Gobierno. A esto se le suma un dato que ha salido en los últimos días y es que una investigación que realizó parte de la Justicia demuestra que si bien hubo irregularidades en el manejo fiscal, no es un “crimen de responsabilidad” que puede ser invocado para destituir a una presidenta. Esto generó un revuelo en Brasil y era lo que ella decía en su momento. Ahora se puede mostrar con mayor claridad y la oposición brasileña y su partido aliado, el Movimiento Democrático Brasileño, que es el partido de Michel Temer, habían buscado un artilugio legal para sacar a la Presidenta del poder y lograr cambiar así el rumbo político y económico, ya que se desconfiaba de ella como una pilota de tormenta que vivía el país.

 

Foto: EFE

 

¿Qué probabilidades hay de que se realicen manifestaciones como sucedieron durante la Copa de las Confederaciones o el Mundial?

En ese sentido no aparece tan clara la situación porque si bien Brasil tiene una tensión social y polarización muy grande, hay microresistencias y micromanifestaciones todos los días en contra de lo que gran parte de la población considera y denomina como “golpe de estado”. En los Juegos Olímpicos hay una situación de militarización y no veo una posibilidad de grandes manifestaciones populares en la calle. Sí creo que puede haber algún tipo de movilización política, sectorial, pero que va a ser aplacada en términos de contención y de no darle una visibilización mediática y política como se le ha dado en otro momento. Justamente los grandes grupos como Globo habían fomentado la idea de salir a la calle y reclamar dada la situación adversa de Rousseff. Hoy estos medios siguen siendo funcionales y apoyan al Gobierno de Temer entonces, en ese sentido, no van a salir a fomentar movilizaciones y/o darle visibilidad.

 

 

Recientemente se comprobó una manipulación de una encuesta realizada por Folha de Sao Paulo

Sacó una encuesta donde intentaba mostrar una situación falsa que era que la población brasileña apoyaba al Gobierno interino de Temer. Se demostró que era trucha y además la complicidad de grandes grupos mediáticos en intentar sostener este Gobierno de transición. Justamente parece endeble y con una carencia de todo tipo de legitimidad política, que está siendo cuestionado tanto por muchos sectores que lo han apoyado en esta salida alternativa y claramente los sectores sociales y políticos que habían apoyado al PT.

 

Captura: Señales

 

En función a posibles ataques, ¿cómo trabajan las células terroristas en Brasil? Recientemente detuvieron una que planeaba atentar en los Juegos Olímpicos

Lo que justamente el Gobierno de Brasil y sus fuerzas de seguridad lograron detectar a través de la inteligencia en las redes sociales era supuestamente un grupo que, a partir de sus diálogos, tenía la pretensión de atentar en los Juegos Olímpicos. Lo que sí quedó demostrado es que el Gobierno ante esa situación decidió salir a mostrarlo públicamente y hacer una exposición mediática para exhibir fortaleza y que estaban trabajando en el tema. Pero lo que uno ve es que ha sido un efecto “boomerang” porque lo que ha llamado la atención, generado pánico y se dio con una repercusión es la reserva de muchos turistas para ir a los Juegos Olímpicos. En estas últimas semanas se han caído 30 mil reservas por temor a que aparezcan casos de terrorismo. En ese sentido lo que se le critica al Gobierno es que debía haber tenido un perfil bajo y evitar que tenga repercusión mediática. Estando en Río de Janeiro se puede ver que, si bien hay una mayor seguridad, si el ISIS con su mecánica de atentados con la idea del “lobo solitario” quiere atentar, no parece muy fácil que se pueda detener. No se sabe si a pesar de las amenazas ISIS está dispuesto a cambiar el tablero de su estrategia global de terror y atacar definitivamente un Juego Olímpico afuera de Europa y en un país emergente y latinoamericano, fuera del radar de su objetivo. Si lo planea parece factible que se lleve a cabo porque tanto Brasil o Argentina somos países que no tenemos un diseño para una contingencia de esa magnitud.

 

Foto: Getty Images

 

¿Se espera la presencia de mandatarios? ¿Esto le entregaría legitimidad a Temer? Macri confirmó su presencia

Un gran tema son los mandatarios que el Gobierno de Temer esperaba y se produjo una deserción de Presidentes y Primeros Ministros que iban a ir a los Juegos Olímpicos. Justamente muestra que la situación internacional de Brasil, su reputación y su credibilidad internacional están también siendo dañadas. Esta idea que ha circulado de una destitución ilegal de su Presidenta ha calado en la comunidad internacional. Como se dice en la jerga política, está “recibiendo el vuelto”. Claramente en esta situación política se nota la falta de diálogo y receptividad de Temer con otros Gobiernos del mundo. Y si se suma la posibilidad de una amenaza terrorista da como resultado la merma de grandes personalidades políticas en los Juegos Olímpicos. A días del inicio son muy pocos los que han confirmado que van a participar, lo cual no indica que otros no se sumen en los próximos días.

 

Foto: Rodrigo Néspolo (La Nación)

 

¿Y Dilma Rousseff?

Dilma Rousseff dijo que no iba a participar en una situación secundaria y relegada como se le puede dar. Su única manera de participar era como Presidenta electa democráticamente y como no es posible en la actualidad, prefería no hacerlo de ninguna manera. No va a legitimar al Gobierno de Temer.