Jazz en la Universidad
home > Opinión > La lucha y la justicia
La lucha y la justicia

04/06/2015

Triple crimen: a 6 meses del dictado de condenas los culpables de los asesinatos de Jere, Patom y Mono, familiares y amigos de las chicos realizaron una marcha en el comienzo de las audiencias de apelación

Triple Crimen de Villa Moreno
Autor:
Pedro Salinas

Estamos a jueves 4 de junio, fecha en la cual se cumplirán seis meses de la histórica jornada en la que se dictaron las ejemplares condenas a quienes asesinaron a nuestros compañeros Jere, Mono y Patóm, en lo que se constituyera como el punto de inflexión de una ciudad sitiada por la violencia y la impunidad: el Triple Crimen de Villa Moreno.

Ironías del destino, justeza de la historia o mera casualidad: exactamente medio año después nos enfrentamos a un nuevo desafío: las audiencias orales de apelación, precisamente, de aquellas históricas condenas. Este jueves 4 y viernes 5 de junio, tendrán lugar las audiencias orales de apelación, en las que por un lado esperamos se confirmen las condenas dictadas por el Tribunal para los asesinos de nuestros compañeros, como así también se revea la absolución a Daniel "Teletubi" Delgado y Brian "Pescadito" Sprio por la portación ilegítima de arma de fuego (considerada de guerra).

Llegamos a estas audiencias en un contexto por demás inquietante: si la sentencia del juicio oral y público por el Triple Crimen de Villa Moreno podía apreciarse como un avance en el angostamiento de la impunidad con la que se manejan estas bandas narcocriminales, como la posibilidad de haber puesto a la Justicia tan siquiera por una vez a la altura de las lamentables circunstancias históricas que nos atraviesan, el reciente acuerdo abreviado (o "negocio jurídico", como lo bautizó el cuestionado Juez de Instrucción Juan Carlos Vienna) con el líder y algunos integrantes de la banda Los Monos opacan incontestablemente aquellas apreciaciones.

Hablamos del contraste que se establece entre un proceso judicial que en sus tres largos años de ejecución transparentó absolutamente todas y cada una de sus instancias. La vocación que sostuvimos incólume fue la de que el proceso judicial no sólo desemboque en una condena efectiva para los asesinos de nuestros compañeros, sino que además sus distintos pliegues, sus marchas y contramarchas se expongan públicamente, que el proceso mismo esté al alcance de la ciudadanía toda, y que el desempeño de cada uno de los actores, en cada una de las instancias, sea también objeto de reproche público o no (es que de eso se trata, para nosotros, la democracia. Y la democracia debiera alcanzar a todos, sin privilegios de poderes o castas constituidas).

Probablemente es eso lo que molesta (o atemoriza) a quienes intervinieron en la defensa de algunos de los procesados por el asesinato de los pibes, y que se han cansado de confundir la "presión social" con el escrutinio público de un proceso que de ningún modo debería circunscribirse a los sombríos pasillos de Tribunales. Tan probable como que son los mismos que en este caso celebraron el acuerdo abreviado que, entre otras menudencias, bajaron la acusación de uno de los acusados de ejecutor material de homicidio agravado a partícipe secundario.

Y en ello residen las dos formas de la Justicia: una, la que venimos reivindicando y construyendo hace más de tres años, que en un contexto de agobiante crecimiento de la violencia encontró en la movilización una herramienta para que el proceso judicial no se subsuma a las oscuridades de los Tribunales, con sus mezquindades consabidas, con su "presión corporativa" que ningún abogado defensor osa denunciar. La otra: la que unos pocos entretejen desde el poder de sus inaccesibles despachos, y los resultados están a la vista, nos eximen de cualquier consideración.

El proceso de movilización incesante que logró visibilizar el caso, la vocación de esquivar el circular camino de la venganza para predisponerse a luchar por Justicia, coronó aquel 4 de diciembre de 2014 con una sentencia inédita en nuestra provincia, que graficó con contundencia las potencialidades de una experiencia popular nacida desde el corazón mismo de los entornos periféricos, esos mismos territorios donde otros solo ven conflictos y la explicación de todos los males. Esos mismos territorios desde donde nosotros supimos mostrar no sólo la voluntad para torcerle el brazo a la impunidad, sino también que los otros mundos posibles empiezan en éste, y que de eso se trata la construcción cotidiana de #CiudadFutura, la que vivimos hoy y queremos para mañana.

Por eso, vamos a volver a Tribunales a defender lo que es nuestro, pero también de Jere, de Mono, de Patóm y de todos los rosarinos: justicia, la forma que nosotros le dimos desde la ignominia del presente.

Porque dijimos que en este rinconcito de la Patria hacer Justicia es hacer Historia. Y porque definitivamente lo hicimos. ¡Vamos a defenderlo!