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Argentina, Bolivia, Chile y el litio

03/12/2018

Los tres países concentran el 70 por ciento del litio disponible. Pero mientras Bolivia y Chile regulan su explotación, en Argentina se deja todo en manos de las corporaciones

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Argentina, Bolivia y Chile concentran el 70 por ciento del litio disponible. Los salares de Hombre Muerto, Uyuni y Atacama son un triángulo minero apetecible para las grandes corporaciones globales. Pero el comportamiento del Gobierno argentino en comparación con el de los otros dos países dista mucho.

Mientras Bolivia tiene el control total del litio y Chile cobra multimillonarias regalías, Argentina deja todo al libre albedrío de las corporaciones. A partir del pedido de las comunidades de los salares, lo relativo al litio pasó a manos del Estado en 2007. Además el Gobierno realizó un convenio con una empresa alemana para fabricar baterías destinadas al mercado europeo, con una estrategia para crecer desde la extracción hasta su producción.

El país trasandino rearmó los convenidos con las dos compañías y factura 10 mil millones de dólares en la fase de la obtención de la concesión por 15 años. Además obliga a las firmas a destinar 25 millones de dólares anuales a la investigación y ordena vender el 25% de lo que produce al mercado interno. Así buscan crecer en la cadena de valor y generar el entremado que permitirá obtener baterías a largo plazo.

El doctor en Ciencias Sociales y en Geopolítica, investigador del Conicet e integrante del Grupo de Estudios en Geopolítica y Bienes Naturales del Instituto de América Latina y el Caribe, Bruno Fornillo, explicó en diálogo con ABC Universidad: “En Argentina no hay ninguna presencia ni ninguna política más allá de la existencia del favorable código minero que permite la extracción y la importación en masa del litio en su estado más básico y no se fomenta un crecimiento de en la cadena de valor”. “Encima las regalías son nulas, muy pocas. La participación de las comunidades no es considerada”, criticó.

 

 

Fornillo sostuvo que las baterías van a ser centrales “porque garantizan la electromovilidad que se viene debido a la finitud de la combustión fósil y los efectos en el medio ambiente, además sirve para la movilidad de los elementos electrónicos que usamos cotidianamente y es reservorio de la energía renovable”. En ese sentido consideró que a Bolivia “le permitió crecer porque es un país que arrancaba de cero en relación a los recursos económicos y la capacidad previa sobre la extracción litífera”.

Por tal motivo no dudó en afirmar que la decisión política sobredetermina la tenencia de un recurso y cómo se lo utiliza. “Los salares en Argentina están concesionados, las empresas poseen sus propias técnicas de extracción y no tienen un alto estándar ambiental para usar una técnica local o que consuma menos agua”, manifestó y agregó: “La minería del litio consume mucha agua por lo que se necesitan estudios hidrológicos y como la propiedad es privada, los científicos argentinos no tienen chance de acceder para hacer estudios efectivos. En Bolivia es diferente”.

El autor del libro "Geopolítica del Litio. Industria, Ciencia y Energía en Argentina" contó que si bien hay intenciones de las comunidades de generar otros escenarios, “hay un entramado científico muy nutrido pero desgajado y desarticulado porque al no haber un entorno político y económico quedan funcionando de forma etérea”. “Hay investigaciones sobre baterías, extracción, cuestiones ambientales pero al no tener chances de sostenerse en algún proyecto privado local, de pequeña o gran empresa local, queda sin un lugar dónde arraigar el conocimiento. Llaman a inversiones pero vienen con las máquinas para llevarse el litio”, expresó.