Música
home > Especiales > La violencia política en Brasil sumó un nuevo capítulo
La violencia política en Brasil sumó un nuevo capítulo

06/09/2018

A un mes de la primera vuelta, apuñalaron a Jair Bolsonaro. Éste es un nuevo ataque en el marco de una campaña electoral inédita por la violencia política

Autor:
Alejandro Arnoletti

El candidato presidencial ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro fue apuñalado este jueves a la tarde durante un acto en Juiz de Fora, en el estado de Mina Gerais. El postulante debió ser trasladado de urgencia a una clínica cercana y si bien en un primer momento su hijo habló de una “herida superficial”, debió ser operado por lesiones en arterias y los intestinos.

El atentado se produjo a solo un mes de la primera vuelta electoral y en momentos en que Brasil está viviendo una crisis. Además esta semana el Supremo Tribunal Federal falló en contra de Luiz Inácio Lula da Silva, quien no podrá presentarse a la contienda electoral. El aspirante que lideraba ampliamente todas las encuestas pudo mantener la candidatura a raíz de pesar sobre él una condena en segunda instancia.

 

 

Antes de la exclusión del expresidente, Bolsonaro se encontraba en segundo lugar en las encuestas. El candidato derechista un exmilitar de 63 años y diputado federal por Río de Janeiro desde 1991. Actualmente se encuentra afiliado al Partido Social Liberal, el noveno al que adhiere desde su elección como concejal en 1989.

El dirigente tiene un pensamiento reaccionario, en el reivindica la dictadura militar y sus críticas, en todo caso, son por haber torturado y no matado. Discrimina a homosexuales, a quienes define como “producto del consumo de drogas”. Sostiene que “las mujeres deben ganar menos porque quedan embarazadas”. Aseguró que las comunidades de descendientes negros “no sirven ni para procrear”. Y además insiste en que “los policías que no matan no son policías”.

Particularmente este período preelectoral se caracterizó por la violencia. El ataque a Bolsonaro es uno más de los distintos hechos lamentables que se suscitaron en el último tiempo. Solo en este año fue asesinada la concejala de Río de Janeiro, Marielle Franco, el 14 de marzo. Además una caravana de Lula fue atacada con piedras y huevos en la localidad de Sao Miguel do Oeste, en el estado de Santa Catarina. Y días más tarde otra caravana fue atacada a tiros en el camino entre las ciudades de Quedas do Iguaçu y Laranjeiras do Sul, en el estado de Paraná.

 

Para comprender el contexto en el que se lleva adelante la campaña electoral el portal de Radio UNR entrevistó a Esteban Actis, doctor en Relaciones Internacionales y docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UNR.

 

¿Cómo está viviendo Brasil esta previa a las elecciones, a un mes de las primarias?

Es un escenario político muy convulsionado e incierto. Por primera vez no hay un candidato que pueda despegar y ser el favorito dado que el de mayor intención de voto, Lula da Silva, se encuentra en prisión y el Tribunal Supremo le ha dicho que no va a poder ser candidato. Entonces esto aparta a la primera figura y es un escenario de suma fragilidad. En estas horas recientes además se suma el atentado que sufrió el candidato de la extrema derecha, Jair Bolsonaro. Es un personaje que ha logrado insertarse en la política brasileña en los últimos años al cariz de una fuerte disputa ideológica. El atentado le agrega un condimento que ya se venía viviendo en Brasil con algunos antecedentes, que es la violencia política. Es un dato muy fuerte y muy negativo.

 

El ataque a Bolsonaro, la balacera y unas pedradas a traffics de Lula. ¿Es común que en Brasil haya tanta violencia política?

No. En Brasil y los otros países de América Latina la democratización de los años 80 había logrado erradicar la violencia política. Las disputas y las diferencias se dirimían dentro del sistema democrático e institucional. Esto se está perdiendo en Brasil. A la balacera a la caravana de Lula habría que agregar el asesinato de Marielle Franco, líder política con mucha influencia en distintos sectores del país. Hay antecedentes que están mostrando un deterioro de la paz social, con una connotación política muy fuerte y me parece la principal señal de alerta. Si van a resolver su polarización de la peor forma creo que es un retroceso para Brasil y toda la región en su conjunto.

 

¿Qué influye para que esta fractura social pase directamente a los ataques?

Es una situación muy compleja y claramente como en muchas cuestiones sociales, las razones son multicausales. Creo que en ese sentido la salida del Partido de los Trabajadores del Gobierno con la expulsión vía impeachment de Dilma Rousseff y el encarcelamiento de su principal líder han generado confrontación y malestar en muchos brasileños. Y Jair Bolsonaro es una persona que ha hecho de la violencia discursiva gran parte de su ascenso en la política: ha dicho que lo peor que hizo la dictadura de aquel país ha sido torturar poco, ha tenido un discurso homofóbico, antisemita, etc. Si bien esto no justifica el ataque que ha recibido y que es muy repudiable, creo que representa una forma de hacer política donde la violencia es el locus y el focus de esa estrategia y la respuesta a la violencia es con más violencia. Me parece que Brasil vive los últimos tres años una crisis y una degradación política, económica y social que lamentablemente conduce a escenarios de violencia social, urbana, vinculada al crimen organizado y política.

 

Sin Lula Bolsonaro a pesar de todo está primero en las encuestas. ¿Quién puede traccionar los votos del expresidente?

Es el gran interrogante que se hacen los analistas políticos. Claramente lo que está intentando Lula es hacer transitivo su liderazgo al candidato del PT, Fernando Haddad, que ha sido Prefecto de San Pablo y es una figura que tiene algún reconocimiento pero muy lejos del carisma y la personalidad de Lula. Todavía es un personaje que no es muy conocido; tiene una intención de voto de ocho o nueve por ciento, la idea es que le pueda traspasar el doble y así llevarlo a segunda vuelta. Bolsonaro tiene un núcleo duro del 20 por ciento que lo apoya y un 80 por ciento que lo ve como un líder muy negativo. En una segunda vuelta vería muy complicado llegar a la presidencia, pero del resto ninguno despega. Los dos postulantes del establishment son Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña, y Henrique Meirelles, del partido de Temer. Los dos tienen una medición muy baja, de alrededor del 5 por ciento de popularidad. Está Ciro Gomes, que es de centroizquierda y es un ex PT, que tiene una intención de voto del 8 por ciento. Está muy atomizado y no está claro quién se suma a una segunda vuelta, que es seguro que se llevará a cabo.

 

¿Y Marina Silva?

Se autoproclamó e intentó ver si tenía una posibilidad, pero las encuestas no le dan un favoritismo. Ha perdido ser la tercera en discordia entre Dilma y Neves y es una persona que, según muchos analistas, si tuviera una personalidad más fuerte y un carisma mayor sería una figura con más posibilidades. Pero ella no ha tenido la certeza y la predisposición firme de posicionarse como una candidata seria.

 

Alckmin es socialdemocráta como Neves, que perdió en el ballotage contra Dilma

Es del mismo partido y fue derrotado anteriormente por Lula. Es un político tradicional del establishment brasileño y es una persona que está teniendo mucho apoyo por la Ley electoral, concentrando gran parte de las publicidades en la TV. A pesar de esa herramienta los brasileños no logran tener empatía con él. Esa iba a ser la apuesta del establishment si con los spots lograba reunir popularidad, pero no es así. Entonces el establishment, que ha sido funcional a que el PT salga del poder, tiene una disyuntiva que es elegir entre un outsider de extrema derecha que aparte cuestiona a los empresarios, a la forma de hacer política al momento o un candidato de centroizquierda, incluso el retorno del Partido de los Trabajadores al poder. Entonces esto parece polarizar nuevamente y no es la situación ideal que tanto Temer como parte de los empresarios hubiese deseado.

 

¿Entre el establishment incluimos a Globo?

Sí. Globo, la Federación Industrial de San Pablo, gran parte del agrobusiness, los otros grandes medios de comunicación, es decir, los sectores de poder de Brasil. Ellos han traccionado por un cambio de gobierno sin esperar el proceso eleccionario que deberíamos estar viviendo. En este momento se tendría que estar viviendo el cambio con la salida de Dilma Rousseff y una disputa electoral siguiendo el calendario que tendría que haberse dado. Me parece que cuando analizábamos que la expulsión de Dilma no era solo una situación de coyuntura sino una herida muy fuerte para la democracia brasileña, los acontecimientos han demostrado que desde ese momento esa decisión va a seguir teniendo impacto en la vida política.