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Hostigamiento policial: La dimensión moral de la violencia

29/08/2018

El abogado y docente Esteban Rodríguez Alzueta habló sobre la violencia institucional y los chicos estigmatizados de los barrios populares

Esteban Rodríguez Alzueta.

Desde el Laboratorio de Estudios Sociales y Culturales sobre Violencias Urbanas de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), el investigador Esteban Rodríguez Alzueta compartió con ABC Universidad sus investigaciones sobre los jóvenes y la violencia institucional. Un enfoque que reivindica las posibilidades de respuesta que tienen los pibes ante los actos de violencia, y los desmarca de la victimización con la que habitualmente las organizaciones de derechos humanos justifican sus acciones. 

El investigador explicó que se trata de una práctica que no está fundada precisamente en buenos modales sino que está hecha de risas, provocaciones, burlas, destrato, falsas imputaciones, miradas tajantes, silencios raros, así como también de cacheos y requisas. Apuntó a una dimensión moral de la violencia que supera la noción restringida que se efectúa desde muchos espacios que luchan por la defensa de los derechos humanos. 

Este hostigamiento, según Rodríguez Alzueta, es un prejuicio que fue madurando en las habladurías y forma parte del fabulario argentino para invisibilizar a los jóvenes, demonizarlos, transformarlos en otros absolutos. “No hay olfato policial, sin olfato social”.

Además, con el discurso del miedo se acepta mayores detenciones arbitrarias y mecanismos de control social de un pueblo que padece necesidades.

Por último, el investigador analizó por qué la criminalización de la pobreza y la regulación del delito se consolidaron como forma de gobierno durante los últimos años y por qué no se logró superar el autogobierno policial.

Consideró que desde hace dos décadas es cada vez más frecuente que los gobiernos apelen al discurso securitario como un mecanismo de legitimación. Para él, la seguridad se está transformando en la vidriera de la política, por eso todos los funcionarios están haciendo política con la desgracia ajena.