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La psiquiatría en Rosario: desde la escucha al moldeo de la personalidad

28/05/2018

El doctor en Historia José Ignacio Allevi investigó sobre los comienzos de esta ciencia en el plano local, entre los años 1920 y 1944

Hospital de salud mental Agudo Ávila, Suipacha 667.

La tesis doctoral que José Ignacio Allevi realizó en el Instituto de Investigaciones Socio-Históricas Regionales (ISHiR, Conicet-UNR), exploró los procesos que dieron con la creación de las cátedras de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y del Hospital Psiquiátrico “Agudo Avila”, actualmente conocido como “El Suipacha”.

En diálogo con ABC Universidad, Allevi explicó que cuando se creó la Universidad del Litoral, se retomó un proyecto académico que ya existía en Rosario, de contar con una Facultad de Medicina, que desde 1968 y con la fractura de dicho proyecto, pasó a formar parte de la recién creada UNR. “En este marco, se incorpora Lanfranco Ciampi, psiquiatra italiano que va a promover la psiquiatría infantil, junto con otros colegas que impulsaron un abordaje desde lo psiquiátrico de la enfermedad mental. Este hecho va a dar lugar a que se generen una serie de disputas con los sectores locales, sobre todo porque en Rosario no había tradición psiquiátrica, aunque sí una neurológica, cuyo representante más prominente era el médico Teodoro Fracassi”.

Lo primero que Allevi remarcó en su tesis fue el diseño y creación del Hospital de Alienados, actualmente Hospital Agudo Ávila, que contempló una enorme movilización de recursos y de apelación a distintas instancias estatales. “Lanfranco Ciampi trae a Rosario las ideas de Higiene mental, que desde principios del siglo XX y en especial en la década de 1920, promovían una revisión y crítica al funcionamiento del mundo asilar”.

Entre las particularidades que presentó Rosario, contaron que el Hospital se proyectó al lado de la Facultad de Medicina, en un contexto urbano y además se pensó como un lugar de pasaje rápido en función de que, para la Higiene Mental, las enfermedades mentales se clasificaban en dos tipos: las graves, que no se pueden curar, para lo cual deben existir colonias de alienados donde los sujetos estén recluidos, y las agudas, que implican personas pueden ser tratadas y “rehabilitadas” para reinsertarse en la sociedad.

“El enfoque integral fue progresivamente dejado de lado, no sólo con el traslado de Ciampi a Capital Federal en 1934, sino también porque la profesionalización de la psiquiatría, junto a la voluntad de reconocimiento por la medicina, precisaba encontrar y reconocer un sustrato biológico a la enfermedad mental”, indicó Allevi y añadió: “Entre 1935 y 1936 se publican una serie de estudios que marcan la profundización de las terapéuticas biológicas en psiquiatría. Inicialmente, se practicaba la malaroterapia para tratar la parálisis general progresiva, la etapa final de la sífilis, que en dicho momento no tenía cura por no haberse descubierto la penicilina. Pero el nuevo rumbo avanza hacia terapias de shock por la administración de insulina o del pentamiltetrazol, droga cuyo nombre comercial era cardiazol. Ambas fueron el prolegómeno de las terapias de electroshok, desarrollada apenas unos años luego”.

“Allí se ve la paradoja: durante la primera etapa del instituto hay una importante presencia del discurso psicológico, incluso psicoanalítico, en relación a intentar hacer algo en la instancia de la escucha, mientras que en la segunda etapa eso queda totalmente eclipsado frente a que es el médico es quien reconstruye esa personalidad. Casi una regresión a la etapa de los tratamientos morales del alienismo de mediados del siglo XIX”, concluyó el doctor del Conicet.