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Rosario: en sus inicios, la ciudad menos cristiana y más descreída

18/05/2018

Una investigación de la doctora María Pía Martín analiza cómo se fue gestando el catolicismo en la ciudad sobre fines del siglo XIX y principios del XX

Fuente: Conicet Rosario.

Un estudio de María Pía Martín, integrante del instituto de Investigaciones Socio-Históricas Regionales (ISHIR, Conicet) y doctora en Historia por la Universidad Nacional de Rosario (UNR), profundizó la historia del catolicismo en Rosario y la región, en particular respecto de la política y al cruce entre Iglesia, cuestiones social y obrera y ciudadanía.

En una entrevista con ABC Universidad, Martín explicó que  a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la ciudad comenzó a crecer muy aceleradamente, convirtiéndose en una gran receptora de inmigración. Al mismo tiempo, entre las élites intelectuales predominaba una cultura laicista, debido a la presencia del liberalismo, la masonería, el libre pensamiento; lo religioso no era un componente significativo en la identidad ciudadana, lo cual se expresaba en la prensa de la época y en los escritos de los grupos intelectuales.

La investigadora también reveló que durante esa época las clases populares estaban muy asociadas a la acción de la Iglesia, cuyo desarrollo era bastante precario. “El primer obispo de Santa Fe, a comienzos de 1900, empezó a impulsar políticas promoviendo la instalación de congregaciones religiosas con el objeto de catolizar la región y puntualmente a Rosario, que crecía en forma acelerada. Allí se difundían ideologías como el anarquismo y el socialismo entre las clases trabajadoras. Por este motivo, en sentido ideológico, Rosario era vista como una ciudad peligrosa para la Iglesia por la circulación de ideas poco permeables a la catolicidad”.

La fundación del Círculo Católico de obreros de Rosario, a fines del siglo XIX, según Martín, es un hecho muy importante para entender cómo se fue formando una élite católica en la ciudad que incluía extranjeros de ingreso temprano, aunque luego se integraron inmigrantes del periodo masivo, más tardíos, que consiguieron ascenso e inserción en los medios políticos y sociales gracias a su militancia y a sus vínculos con la Iglesia. “En las dos primeras décadas del siglo XX hubo un interés del Círculo por insertarse en los barrios, instalar su presencia en los ámbitos populares y realizar actividades que permitieran transformar la cultura de esas clases, catolizarlas”.

“En el periodo que se desarrolla desde mediados de la década de 1920 a comienzos de la década de 1940 la Iglesia consigue lograr un lugar y tiene una creciente presencia en Rosario. Se trata precisamente de una época donde las celebraciones religiosas adquirieron gran relieve, buscaban movilizar a las masas y ocupar el espacio público”, comentó la investigadora.

Por último, Martín advirtió que a  partir de mediados del 1920, una serie de iniciativas fueron reforzando y dando solidez a la presencia de la Iglesia como institución a nivel local. “El primer obispo de Rosario fue Antonio Caggiano, quien asumió en el año 1935, pero ya antes de esa fecha le preocupaba promover la devoción a la Virgen del Rosario como patrona de la ciudad. Este propósito terminó de cristalizar una vez designado obispo y, sobre todo, con la coronación de la Virgen en 1941”.

No obstante, “El culto de la Virgen del Rosario revela un componente secular: aunque la iglesia logró introducir el mito de los primeros relatos sobre sus orígenes, es decir, pudo legitimarlo y legitimarse dentro de la historia de la ciudad, ese culto no fue puramente religioso, tuvo más que ver con una especie de identidad secular que construyeron las elites políticas, culturales, intelectuales y católicas, debido a aquella necesidad de construir una imagen de la ciudad progresista que ahora sí, entre el `20 y el `40, estaría enlazada con algunas cuestiones propias de la identidad católica”, concluyó.