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Los santos buenos y malos que ayudan a los marginados

06/04/2018

Una investigación antropológica indagó sobre la fe en los sectores populares, especialmente sobre dos figuras: San La Muerte y Pombagira

Santos buenos y malos

En el marco de su tesis para la Maestría en Antropología, Marina Liberatori realizó una investigación sobre la fe en los sectores populares, especialmente sobre dos figuras: San La Muerte y Pombagira. El trabajo de campo se llevó a cabo en villa La Tela, uno de los asentamientos precarios más grandes de Córdoba, ubicado en el sudoeste de la ciudad.  

Allí indagó sobre las cuestiones espirituales y la vida cotidiana de las personas. Y mediante los relatos de los creyentes reflexionó sobre cómo son ayudados por estos santos de "moralidad ambigua", para enfrentar situaciones de vida que se consideran injustas, humillantes o violentas. 

En diálogo con ABC Universidad, la antropóloga y docente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) contó que al comienzo de la investigación analizó cuestiones vinculadas a la discriminación y las trayectorias delictivas como maneras de hacerse respetar y de “resistir” un orden social, dentro y fuera de la villa. Pero tiempo después, revisando sus notas, encontró que a menudo las personas le hablaban de "cosas raras" que les habían pasado y que se relacionaban con los miedos. Por eso decidió centrarse en las experiencias extraordinarias y espirituales.

Liberatori también explicó por qué profundizó en su trabajo sobre los devotos de San La Muerte y Pombagira. “Estos santos han tenido vidas controvertidas, por lo tanto pueden comprender el dolor de sus devotos y otorgarles fuerza y poder para poder sobrellevarlo, pero también habilitan una cierta maldad, muchas veces “necesaria” para vivir en una villa”.

“La relación con estos santos es parte intrínseca de la vida cotidiana de las personas con las que trabajé y no solo una dimensión “sagrada” y extraordinaria. Muchas veces las personas los utilizan para empoderarse y revertir comportamientos violentos provenientes de sus familiares y vecinos”, manifestó.

Luego de describir lo singular de la metodología empleada, la antropóloga se refirió a los resultados de su investigación. “Analizando reflexivamente mi práctica como antropóloga, comencé a darme cuenta de que, lejos de recolectar materiales etnográficos, yo había construido relaciones sociales en villa La Tela, sin las cuales no hubiera podido llegar a conocer nada muy profundo acerca de la vida de las personas con las que trabajé y de las que, desde el momento en que pisé por primera vez la villa, yo formaba parte”.