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Garriga Zucal: "En el mundo del fútbol se hizo normal que se pegue, se mate"

21/04/2017

El antropólogo analizó el contexto en el que se produjo la muerte de Emanuel Balbo, el pasado fin de semana en el Clásico entre Belgrano y Talleres

La muerte de Emanuel Balbo en un estadio causó conmoción e indignación no sólo en el ámbito del fútbol, sino que abarcó a todo el país. La crueldad con la que este joven de 22 años perdió su vida a manos de una horda en la tribuna Willington del estadio Mario Alberto Kempes llevó a plantear una recurrente problemática que no parece encontrar soluciones en Argentina: la violencia en el fútbol.

El clásico cordobés entre Belgrano y Talleres tuvo su primera edición en la máxima divisional luego de 15 años. Si bien en el invierno de 2016 se jugó un amistoso con ambas parcialidades, aquí rigió la prohibición a los hinchas visitantes. Claramente este “parche” que busca disminuir las probabilidades de incidentes en los estadios no sirvió para impedir dos hechos para lamentar. Uno de ellos fue la muerte de Balbo y el otro, el disparo con un balín de paintball sufrido por un hincha en uno de sus ojos y por el cual dos policías fueron apartados de la fuerza.

La sola acusación de que el joven era hincha “infiltrado” de Talleres en la tribuna de Belgrano motivó una serie de agresiones y culminó con que fuera arrojado desde más de tres metros. Así pasó a ser la víctima mortal 318 en la historia del fútbol argentino. A diferencia de los últimos casos este hecho se registró dentro de un estadio, situación que no se presentaba desde hacía tiempo.

Para analizar lo ocurrido el programa “Feos, sucios y malos” entrevistó a José Garriga Zucal. El doctor en Antropología social, investigador del CONICET y docente de la Universidad Nacional de San Martín consideró que lo acontecido en Córdoba “es lamentablemente más de lo mismo”. “Vemos que los episodios de violencia se repiten, tienen un ciclo en los medios de comunicación pero cada vez que aparece un muerto charlamos lo mismo y nunca cambia nada”, dijo.

 

 

La tribuna Daniel Willington es la popular que utilizan los barras bravas de “La Fiel”, de Talleres, y los hinchas más enfervorizados del conjunto de barrio Jardín. La tribuna Luis Artime, en cambio, es la elegida por los integrantes de “La banda del Loco Tito”, de Belgrano. Como no había presencia de parciales del equipo albiazul, seguidores del “Pirata de barrio Alberdi” también ocuparon la tribuna Willington.

En ese sector del estadio mundialista fue donde ocurrió el crimen, ocupado en su mayoría por personas que no forman parte de la barrabrava. En ese sentido Garriga Zucal manifestó: “Lo que más me causa una sensación extraña es ver la cara del resto de los espectadores, que observan sin intervenir y lo hacen legitimando la paliza”. “Esto sirve para pensar el fenómeno violento y no reducirlo a las barras, que es lo habitual cuando se piensa el problema. Es mucho más complejo y nadie interviene porque en el mundo del fútbol se hizo normal que se pegue, se mate y estamos esperando que pase”, agregó.

Una frase hecha sobre la problemática es que el “fútbol es un reflejo de la sociedad”. Para el antropólogo “no se puede aislar, pero tampoco es un reflejo”. Las especificidades y particularidades incluyen la lógica del “aguante”, con nociones de masculinidad vinculadas a la violencia y la defensa del territorio. “Pelearse es símbolo de prestigio”, sentenció y agregó: “Si bien puede encontrarse en otros grupos y en la problemática de la violencia de género, es una particularidad cómo se ordenan todos estos fenómenos aquí y lo hace específico”.

La violencia que rodea al mundo de la pelota no es exclusividad de Argentina, ni tampoco de países sudamericanos. Europa, por ejemplo, registra casos similares y con muertos aunque pasan inadvertido. “Inglaterra no desterró la violencia sino que la desplazó, la hizo invisible. Hubo un proceso de espectacularización, cambió el público y el producto que representa el fútbol. No es que no haya más violencia, sino que no sale en la tele”, explicó el especialista. “El espectáculo del fútbol vende mucho más que el de la violencia, por lo que lograron controlarlo de forma efectiva para que no ocurra más en los estadios”.

“Una de esas políticas pasó por aumentar el valor de las entradas de forma abrupta, por lo que cambió el tipo de espectador y ahora se come, bebe y además ven el partido”, dijo. “De fondo tenemos que pensar qué tipo de espectáculo deportivo queremos. Si uno donde el que asiste tenga un rol protagónico u otro donde sea totalmente secundario como en Inglaterra”, planteó Garriga Zucal y concluyó: “Es una pregunta que tenemos que hacer, tener la respuesta y luego empezar a pensar en la política de prevención de la violencia”.

El especialista no centra sólo el problema en los grupos más violentos, sino que también en otros actores de la sociedad. Entre ellos aparecen los medios de comunicación, los dirigentes de los clubes, la política y la policía. “En el mientras tanto se pueden cortar los vínculos de los dirigentes políticos y de los clubes con las barras y también trabajar con la policía, para prevenir la violencia. Por acción u omisión las fuerzas de seguridad tienen su rol protagónico y cometen actos violentos en el espectáculo futbolístico”, manifestó.

A pesar de esto es muy pesimista “porque no hay políticas de prevención hace muchos años y en ningún nivel”. “La reacción del Estado en este tipo de hechos es lavarse las manos. No se hacen cargo y no piensan en políticas a largo plazo. Ante la necesidad inmediata siempre se eligen caminos equivocados”, se lamentó.

El fútbol argentino ya registró 4 muertes en 2017 y 318 desde la primera, en 1922. Las alternativas elegidas para erradicarla hasta ahora no condujeron a una senda correcta y constituyeron sólo “parches”. Los distintos actores que forman parte de este mundo deberán tomar las decisiones correctas para que no haya una víctima 319. Para que no haya una muerte más como la de Emanuel Balbo, que cause conmoción e indignación.