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Salcedo Ramos, el cronista de cronistas

21/04/2017

El maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) impartió una clase pública en la UNR y compartió sus reflexiones en torno al oficio periodístico

“Mi nirvana no empieza donde hay una noticia, sino donde hay una historia que me conmueva”, dijo el periodista literario.
Autor:
Diego A. Beccani

El periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos llegó a la Facultad de Ciencia Política y RRII para dar una clase pública y magistral sobre periodismo. Invitado por el Sindicato de Prensa Rosario, la Universidad Nacional de Rosario y el diario Rosario/12, el profesional colombiano rompió el hielo con una frase ajena a lo esperado. “Para que no peleen, les voy a decir que soy hincha de Boca o de River”, bromea al instante de tomar asiento frente al panel, identificando la fuerte raigambre social que tiene el fútbol en Rosario.

Los rayos del sol otoñal se filtran en el aula como los conceptos de Salcedo Ramos en los asistentes. A lo largo de la mañana del viernes, el cronista colombiano, portador de una de las plumas más emblemáticas del periodismo narrativo latinoamericano, desgrana sus reflexiones sobre las vicisitudes del oficio ante una audiencia ávida de historias y experiencias.

Vestido de camisa azul oscura y jeans marrones, el autor de "La eterna parranda" (una selección de sus crónicas) se sumerge en la lectura de unos cuantos párrafos de su último libro, "Botellas de náufrago" y los comparte en voz alta. “El periodismo garantiza el acceso a un laboratorio excepcional en el que siempre se está en contacto con lo más revelador de la condición humana”, lee, al tiempo que agrega: “Mi nirvana no empieza donde hay una noticia, sino donde hay una historia que me conmueva”.

Salcedo Ramos hace de la empatía un arte literario. Es que para contar una historia primero se pone en los zapatos de los protagonistas, conociendo cómo piensan, estudiando sus acciones y auscultando sus sentimientos. “Busco historias que me permitan narrar lo particular para interpretar lo universal y que me sirva para contar los conflictos del ser humano”, explica y añade: “Aunque el tema carezca de atractivo mediático, si creo en él, lo asumo hasta sus ultimas consecuencias”.

“Me preguntan con frecuencia para qué sirve el periodismo en estos tiempos de redes sociales y vértigo noticioso. Suelo responder que, aunque los periodistas hayamos perdido el monopolio de la información, el periodismo sigue siendo muy útil para lo mismo de siempre: denunciar, informar, narrar, analizar, orientar y, sobre todo, ayudar a entender”, razona.

A renglón seguido, el narrador colombiano confía que ejerce el periodismo “con un ojo puesto” en una frase del escritor Héctor Rojas Herazo, quien decía que amaba a quienes buscan la verdad pero desconfiaba de quienes creen haberla encontrado. Y completa: “Acaso lo mejor de ser periodistas es tener la oportunidad de ponernos en los zapatos de los demás para comprenderlos. Para comprendernos”.