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El compromiso de Rodolfo Walsh, rememorado por Eduardo Jozami

30/03/2017

A 40 años del asesinato de Rodolfo Walsh, Eduardo Jozami repasó el aporte del periodista, escritor y militante y su vigencia en los tiempos que corren

Autor:
Alejandro Arnoletti

La figura de Rodolfo Walsh es ineludible para referirse a una etapa de la historia argentina. Su férrea oposición ideológica a la última dictadura cívico – militar le costó la vida, pero dejó uno de los textos más representativos de la lucha por los ideales a través de la palabra. Su escrito, la “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, es la denuncia desde la clandestinidad del plan que los grupos de poder llevaban adelante y que hoy conocemos como “Terrorismo de Estado”. Integrante de la organización Montoneros, también se permitió presentar propuestas para encarar de otra forma la “resistencia”, hablando de los derechos humanos y de un programa que incluía la salida electoral.

Pero también hay otra faceta de Rodolfo Walsh, que es la de su labor como periodista y escritor. Reconocido como una de las plumas más importantes del periodismo de investigación fue pionero en la escritura de novelas de no ficción. Sus obras más recordadas son “Operación Masacre”, “El Caso Satanowsky” y “¿Quién mató a Rosendo?”.

El Walsh escritor y periodista; su trabajo político y de denuncia; su militancia y resistencia a la Junta Militar y por supuesto su célebre carta a la Junta Militar fueron desarrollados este miércoles por Eduardo Jozami. El periodista, militante por los DD.HH., profesor universitario, escritor y abogado presentó la conferencia “Rodolfo Walsh: ética y política de la comunicación” en la sede de Luz y Fuerza, a 40 años del asesinato de su colega.

Previo a la charla, organizada por el Sindicato de Prensa Rosario, Jozami brindó una entrevista al portal de Radio UNR. Con Rodolfo Walsh como puntapié analizó la obra del periodista, el rol de los medios de comunicación en los 70, la actualidad del periodismo y el presente político y social de la Argentina.

¿Qué factores encuentra Ud. para que la figura de Rodolfo Walsh siga tan vigente a cuatro décadas de su muerte?

Hay diferentes momentos. En los comienzos de la Democracia Rodolfo Walsh fue muy recordado por su condición de escritor y además porque era un momento en que no se hablaba demasiado de lo ocurrido en los 70. Allí había cierta vigencia de lo que después se llamó la “Teoría de los dos demonios” y eso generaba una actitud de no profundizar sobre lo ocurrido; entonces como él era una figura que tenía mucho reconocimiento, me parece que eso hizo que de algún modo apareciera como un símbolo de todo lo otro de lo que no se hablaba. Pero en segundo lugar porque hemos aprendido a conocerlo mejor y su reconocimiento como escritor aumentó. Por otro lado las escuelas de periodismo, las facultades de comunicación y los gremios de periodistas le dieron un reconocimiento muy notable a su figura. Y creo que apareció además como alguien que no sólo es asesinado, sino que es alguien que mantuvo una coherencia e independencia muy grande. A su vez si se toman las notas enviadas a la dirigencia de Montoneros en el último año se ve que hay una anticipación de lo que va a venir. Es como que alguien que no podía decir qué iba a venir después de la dictadura pero cuando dice que hay que pasar a otra forma de resistencia habla de los DD.HH., de un programa que incluye una salida electoral y es a lo mejor más actual que alguna otra figura de esos años.

 

En su libro “Rodolfo Walsh: la palabra y la acción” Ud. ofrece una visión integral de él. Esa mirada global que realiza, ¿se lleva adelante en la actualidad o se continúa con la disociación del militante al periodista y escritor y viceversa?

Creo que todavía hay sectores que le dan una mayor importancia o atienden exclusivamente a uno de los aspectos. Pero es casi natural que esto ocurra porque, por ejemplo, para la carrera de Letras es un escritor que hay que ser estudiado. En las de Comunicación pasa lo mismo con el periodista. Yo creo que eso ya no tiene la gravedad que pudo haber tenido en otro momento porque hoy no hay un ocultamiento. Alguien puede destacar al escritor, pero nadie niega al Rodolfo Walsh militante e incluso montonero. Se conoce más integralmente quién fue y se priorizan uno u otro aspecto, pero me parece natural.

 

¿El compromiso social de Rodolfo Walsh puede verse en el periodismo actual?

En algunos periodistas sí. Es muy difícil cuantificarlo y tampoco sabemos en su época cuántos lo hacían. Creo que mucha de la gente que lo recuerda y que lo referencia sigue teniendo ese compromiso. Eso se ejerce de una u otra manera en las distintas épocas. Afortunadamente hoy no supone arriesgar la vida como en la dictadura. Creo que la gente que entra al periodismo o que piensa seguirlo no creo que sólamente lo haga como una forma de ganar más dinero que en otra parte y hay una idea de una profesión que a veces se idealiza, que tiene que ver poco con la práctica actual en los grandes medios, pero creo que existe el compromiso social y a veces se canaliza de las maneras menos previsibles.

 

Sectores de militares, como Martín Balsa, o la Iglesia, a través de Arancedo en 2016, hicieron un mea culpa de lo actuado en esos años. ¿Los medios de comunicación?

Los medios de comunicación no hicieron ningún mea culpa. Y la verdad que deberían hacerlo. Por supuesto que actuaron en un contexto con fuertes restricciones, que no se pueden desconocer. Pero en otras situaciones si se quiere parecidas, como en las dictaduras del 66 y anteriores, estuvieron al servicio de esos Gobiernos pero mantenían algunos reparos y se mostraban con cierta independencia. No hicieron las cosas como en la última dictadura, donde se presentaba un comunicado de la FF.AA. y era absolutamente avalado por el diario, a pesar de que con sólo la lectura notabas que era un invento. Creo que tiene que ver con que no sólo jugaron en función de las coincidencias que tenían con los intereses dominantes que apoyaban a la dictadura, sino que actuaron como sus socios. El hecho de que tres de los grandes diarios hayan sido beneficiados con Papel Prensa hizo que se transformaran en defensores del Gobierno militar. No era novedoso pero abandonaron todo prurito porque era como defender su propio negocio. Todo esto la población lo sabe y ha sido muy criticado pero hasta ahora no se ve, ni nada hace pensar que pueda esperarse una actitud de reconocimiento y autocrítica.

 

Su charla se denomina “Ética y política de la comunicación”. ¿Hay ética en la comunicación actual de los medios masivos?

Siempre hay actitudes éticas hasta en el programa más criticable. La negativa no puede ser categórica pero lo que domina el escenario de la comunicación son algunos rasgos que la mejor forma de nombrarlos no es recurrir a la ética. Por ejemplo aparece una utilización del problema de la seguridad y los casos criminales en un sentido muy sensacionalista y al servicio en la mayoría de los casos de un discurso y una ideología que tiende a la no emisión democrática del tema. Por otro lado creo que hay una forma de banalizar problemas fundamentales de la vida política, transformarlos en shows o recurrir a formatos que hacen que haya diez personas discutiendo al mismo tiempo, lo cual ya genera una actitud de rechazo a la política por parte de la gente. Incluso quienes puedan ver el programa porque lo consideran divertido, en cuanto apagan el televisor y piensan un poco se darán cuenta que ésa no es la manera de conocer mejor los temas que se están discutiendo. Hay muchos aspectos que muestran que predomina una visión banalizadora y que en la eterna búsqueda del mayor lucro de las empresas periodísticas, los límites son cada vez menores.

 

¿Y en el periodismo de investigación?

En el periodismo de investigación también se puede decir eso. Pero ya que hablamos de Rodolfo Walsh lo hacemos en términos generales y hay mucha gente que trabaja de manera independiente y seria. A pesar de ello en muchos casos estamos acostumbrados a un periodismo que parece no tener muy claro para qué está trabajando y al servicio de quién. Y eso era algo que Walsh tenía muy claro: investigaba en contra del poder y “a favor de la gente”. Había una simpatía por las personas que eran víctimas de la situaciones y me parece que todo esto entra en la distorsión general del periodismo en los últimos años. Hay una mayor búsqueda del rating, del beneficio y de una politización que podría ser positiva, ya que queremos un mayor debate político y acceso de la gente, pero acá va de la mano de la banalización. Si hasta hace que los programas de la farándula tengan objetivos políticos muy claros a perseguir, pero eso no lleva a que se profundice la discusión de esos temas sino todo lo contrario.

 

En los últimos tiempos comenzó a reflotarse la “Teoría de los dos demonios” y ciertos editoriales de La Nación, por ejemplo, victimizaron a quienes llevaron adelante el terrorismo de Estado. ¿Cómo ve esto?

Lo veo con preocupación. Me parece que esos medios actúan en el contexto de una actitud del Gobierno poco comprometida con los juicios, espacios de memoria y el discurso de los organismos de DD.HH. Entonces me da la impresión que el Gobierno se deja apretar porque muchos funcionarios coinciden plenamente con lo que dicen esos editoriales, pero se dan cuenta que no es fácil en este momento avanzar. De esa forma sacan un doble beneficio de esta relación entre el Presidente y el diario La Nación, por ejemplo. Por un lado Macri muestra que es más moderado que el diario y que no está dispuesto a desconocer lo que son los movimientos de DD.HH. y así se toman medidas que luego se vuelven atrás. Pero por otro, en última instancia esos editoriales y programas de TV van generando mejores condiciones para volver atrás en la política de DD.HH. Daría toda la impresión que en el fondo es su pensamiento y son muchos los altos funcionarios que se sentirían satisfechos en esa situación.

 

¿Los mismos medios de los que hablamos antes?

En algún sentido sí. Por ejemplo en la TV entró mucho en ese discurso que antes no estaba. Habría que hacer un análisis más particular. En este tema La Nación ha insistido más que Clarín. Pero es un tema que de a poco va entrando y lo más preocupante es que a pesar de que no se puedan revertir estas políticas y los consensos en torno a memoria, verdad y justicia se muestren fuertes, naturalmente hay cosas que ya pareciera ser que ése va a ser el precio a pagar por esta campaña. En diciembre de 2015 era muy fuerte la presión para avanzar con los partícipes civiles y los grandes empresarios y hoy parece un objetivo cada vez más difícil, si ni siquiera se puede garantizar que sigan los juicios.

 

Sectores afines al oficialismo organizan una marcha denominada “#1A”, con la intención de “defender la Democracia” y contra un posible “golpe de Estado”. ¿Considera que se banalizan estos términos?

Claramente. Hay una banalización si se hiciera o no la marcha de lo que es la idea de Democracia y lo que pueden significar los golpes de Estado. E incluso se utiliza el término “destituyente”, acuñado en su momento por Carta Abierta en relación al conflicto del campo. Y ahí hay un desconocimiento de lo que es la Democracia porque hacerle una huelga al Gobierno que llegó al poder por la votación es para algunos considerado como que es no dejarlo gobernar. Es una idea muy simplista según la cual el que ganó las elecciones debería seguir su política sin ningún contratiempo hasta que una elección lo desaloje. Eso es desconocer que la Democracia es mucho más que una elección. La Democracia es la suma de votaciones, movilizaciones, debates que hacen que de todo eso resulte un Gobierno con consenso y posibilidad de avanzar en su proyecto u otro que empieza a tener dificultades, como tantas veces pasó en la historia argentina. Eso no significa que la oposición sea antidemocrática, sino que como decíamos el que tiene una idea muy simple y limitada de lo que es la Democracia es el Gobierno.