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Lo laboral de la violencia

14/10/2016

El presente es un abordaje desde la sociología, sobre los modos y medios de producción y su influencia en la generación y regeneración de la violencia en los ámbitos de trabajo

Autor:
Anibal Faccendini

Recurrimos a realizar la alteración del título, para indicar que muchas veces es la organización y sistematización del trabajo lo generador  violencia del trabajo o por lo menos coadyuva.

Sociológicamente tanto en la primera, segunda y tercera modernidad la irrupción de las formas y esencialidades de producción marcaron una alteración ínsitca y profunda de las relaciones interpersonales en los ámbitos de trabajo.

Sabemos, desde una larga bibliografía de la sociología laboral y general, que nosotros, sin pecar de reduccionistas, tenemos tres métodos de abordajes de la realidad, que  han sido y siguen siendo la inducción, deducción y comparación.  Así podemos observar, que antes de la modernidad, en el bajo medioevo, la ecuación relacional social de los habitantes de una localidad, era familia con trabajo artesanal y el espacio público. Luego de esta etapa surge el tríptico:  familia, espacio público y fábrica o ámbito laboral, ajenizado de la familia. Estos tres métodos que indicamos más arriba, se desarrollan plenamente en la era comercial, luego industrial hasta llegar a la era industrial,  de servicios y financieros.

La nueva producción de todo producto, requiere cada vez más la fragamentación del tiempo, del conocimiento y de la ajenidad de todos los trabajadores respecto al resultado final de su aporte el proceso.

La fordización del tiempo, luego la toyotización y ahora la fragmentación desigual y simultánea en grupos  nos indican los grados de violencia que generan a partir de varias cuestiones centrales, estructurales, ocultas y desinformadas:

1) La velocidad de mercado.

2) La fragmentación del conocimiento in situ.

3) La informatización del ocultamiento.

4) La rivalidad horizontal y vertical. Desregulada y entrópica.

 

1) El mercado ha superado con creces la capacidad de reproducción y evolución de la naturaleza para satisfacer el consumismo insustentable. Se calcula que los medios de consumo superaron dos veces la capacidad de la Tierra en dar respuestas. El hombre trabajador constituído y constituyente del ambiente del trabajo recibe y mucho esa presión alienante. Es el mercado y no la necesidad lo que marca la velocidad de las cosas.

El mercado impone velocidad y no ritmo.

La velocidad es fisurante de la subjetivdad de la trabajadora. Es de una externidad agobiante. La velocidad merceológica no sólo es alienante, sino y también fuente de muchas enfermedades pongamos los ejemplos de choferes de colectivos o de una línea de montaje. O, bien en la actividad cárnica, donde el proceso de fordización de distintos cortes de las carnes, exige un tiempo, una velocidad y resultado.

El ritmo en cambio, tiene que ver con la armoniosidad interna, se armoniza entre lo subjetivo y los tiempos externos.

El ritmo en cambio tiene en cuenta la subjetividad de la actora laboral.

2) La fragmentación del conocimiento in situ. En la neomodernidad cada vez más se produce el fraccionamiento del conocimiento aún en el toyotismo o en los equipos de trabajo. El fraccionamiento del saber busca eficiencia pero también efectividad. Eficiencia y eficacia. Ahora bien, semejante presión sobre el trabajador de realizar una operatoria con un torno para fabricar un auto, por ejemplo, y no poder ver todo el proceso de dónde encaja la pieza que hizo en todo el engranaje.  Genera ajenidad del que produce y lo propio producido.

3) La informatización del ocultamiento. Hay legislación sobre transparencia y por ende información. Pero, hete aquí, que muchas veces dicha información no es sustantiva ni relevante. Dar información es dar poder. Veamos cuántas empleadas al ingresar a su trabajo o durante le proveen un organigrama funcional de la empresa. Cuántas reciben un recorrido procesual de su participación en la producción. Esta sintomatología se da tanto en la actividad pública como privada.

Mal se puede lograr una armonización laboral, cuándo y sí que lo sabemos, no están, no sólo, clara las funciones sino también publicadas para todos los miembros de la comunidad laboral.

Es una paradoja, en la época de la informatización, ésta sirve muchas veces para el ocultamiento.

4) Los modelos económicos sociales basados in totum en la cultura merceológica o de mercado, visionalizan y generan patrones conductuales de competencia e individualismo. Cada semejante es un competidor a vencer. En la neomodernidad lo que se ha sumado es la competencia horizontal y vertical y desregulada. Fuente, como podemos observar, de violencia laboral, si las hay. Ya no se compite contra el otro, sino contra todos. El ser se ha cosificado y la mercancía se ha endiosado.

Combinando los cuatro factores generadores de ámbitos de violencia laboral, podemos dar cuenta que la subjetividad no alcanza para explicar la fenomenología de la violencia laboral sino la acompañamos con las condiciones materiales en la que se desarrolla  la actividad laboral.

Los modelos basados en resultados de producción son emergentes de disfuncionalidades personales mientras que los modelos basados en la calidad de lo producido marcan menos niveles irruptivos en las relaciones interpersonales. Ello es así, porque en forma intrínseca el modelo de producción focaliza en la fragmentación del tiempo para lograr mayor velocidad para lo que se va a producir, en cambio el otro modelo priorizaría calidad sobre cantidad, y en principio habría menos fragmentación y menos velocidad pero mayor ritmo. Permitiendo así, la necesariedad cronológica de relaciones personales.