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Entrevista con Juan Forn

26/05/2016

El escritor, traductor y editor Juan Forn estuvo en Rosario para dictar un taller sobre periodismo cultural y narrativa en el espacio del Centro de Formación Profesional Pichincha, perteneciente al Sindicato de Prensa Rosario

Por Juan Aguzzi.

El encuentro fue organizado entre el mismo Sindicato de Prensa Rosario y el colectivo de producción cultural Cardumen y tuvo la colaboración de la secretaría de Cultura municipal. Con el cupo completo, en el encuentro –que llevó el nombre de “Hijos del libro, una clínica para enfermitos como yo”–, Forn recorrió su experiencia como narrador.

En lo que refiere a su recorrido como editor, el escritor mentó no pocas y jugosas anécdotas del periodo en el que estuvo a cargo de "Radar”, el suplemento cultural de Página 12 (en las que destacaban presencias como las de Osvaldo Soriano, Tomás Eloy Martínez y María Moreno) y puso de relieve el estado actual de ese tipo de suplementos y su futuro en el soporte papel, entre otras cuestiones vinculadas a ese quehacer periodístico. Al mismo tiempo Forn presentó en Rosario “Los viernes”, los tres tomos editados por Emecé que reúnen buena parte de las crónicas aparecidas en las contratapas del Página 12 desde 2008.

—¿Cómo surgen las contratapas, la idea de esas crónicas, relatos, aguafuertes?

—Es un lugar donde convergen dos cosas, una es la sensación que tenés cuando terminás de leer un libro que te gustó mucho, que muy rara vez la compartís con alguien, es como una adrenalina que tenés adentro y se va derritiendo en vos mismo, y la otra fue la idea de que yo dije que lo que iba a escribir en serio era esa columna –generalmente los tipos que tienen una columna en un diario tratan de sacársela de encima lo más livianamente posible para dedicarse a escribir en serio–, porque lo más en serio que hacía en ese momento era la lectura de estos libros que me transfiguran y me transportan y me pregunté qué pasaba si yo conseguía poner en palabras ese envión, esa intensidad de cuando termino de leer un libro, ponerla en palabras con algún firulete.

—¿Qué te dispara los relatos?

—El personaje, la época, una suma de cosas, pero el procedimiento viene de los libros, básicamente me nutro de libros en el sentido de que aunque sea una película o un disco, tarde o temprano lo que voy a buscar es todo lo que hay escrito sobre eso para recrearlo, y usar este formato periodístico como coartada, como camuflaje, cosa que te obliga a un nivel de condensación y de densidad muy grande, condensación en el sentido que tenés que sintetizar, y conseguir el efecto de que cuando el lector lo lea, transmita más de lo que dice porque solamente tenés cien líneas. Yo aspiro a que parezcan novelas, novelas atomizadas, un cuentito donde vos sentís que estuviste en Rusia, o en Japón, lo vivís…

—Si el texto se zarandea, ¿cuánto queda de real?, está ese impulso de recrear, de representar. —Yo trabajo siempre por el detalle, a la manera nabokoviana, trabajo un montón con el clisé, con el sobreentendido, sé el nivel de imaginación que maneja el inconsciente colectivo porque formo parte de él, trabajo con iconografía, para construir una escena, trabajo con telón de fondo, sea la Revolución Rusa, el Londres de los Beatles, la Guerra Civil española. Trabajo con el clisé tratando de no mencionarlo pero aludiéndolo entre líneas para que vos cuando lo leas, lo estés viendo, vos eso lo tenés que ver…

—¿De quién fue la idea de reunir en libros las contratapas?

—La editora de Emecé, que es donde yo publico, es una vieja amiga, y mientras conversábamos me preguntó si quería hacer un libro con las contratapas. Yo había hecho los libros de notas de Radar, La tierra elegida y Ningún hombre es una isla y los de Página 12 habían sacado todos mis libritos en kioskos y ahí me preguntaron por qué no poníamos un bonustrack, que fuesen algunas contratapas, y anduvo bien, y una chilena, muy buena editora de Santiago, me dijo que quería armar uno, no el verde de Página…, que tenía 20 contratapas, me dijo que quería hacer uno de 40 y eligió ella y fue la primera vez que me dejé editar y salió hermoso, y después la editora de Emecé me preguntó si le veía formato libro y le dije que esperara porque no lo entendía, y un día descubrí que 52 semanas daba un libro de 250 páginas y que había encontrado un formato y pensé en que estaría bueno que saliera en una cajita que tenga tres, cada libro formaría una curva, sin respetar para nada la fecha en que salieron, armé un orden y traté de recoger en forma de libro la ceremonia de los lectores que todos los viernes abren la web para leer la contratapa de Forn; es un libro que te permite que en vez de tener una visita semanal conmigo, vivir en el mundo en el que vivo yo hace siete años, tenés el libro y si querés te lo leés todo corrido, así que hice tres, no sé si voy a seguir escribiendo ocasionalmente contratapas, creo que sí, que cada tanto voy a mandar una, pero ahora, como centro de mis desvelos, ya está, tengo que cerrar este ciclo y pensar en otra cosa…

—En el primer tomo tenés como una introducción o algo así donde hablás del formato que utilizaste.

—Sí, pero es también una contratapa contando la historia, que funciona como ars poética, y en vez de ponerla al final, que hubiera sido lo lógico, la puse al principio porque espero que haya gente que cuando algún día no salgan más las contratapas en Página 12,llegue al libro como libro y entonces encuentre en la primera contratapa cómo fue ese rito y pueda darse cuenta que eso salía todos los viernes…

 

Fuente: Sindicato de Prensa Rosario